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Comentario

VICTOR DE DIEGO GROUP: Oraindik Ametsetan

El jazz es una historia de idas y venidas. Del corazón de África a las colonias del Sur de una incipiente Norteamérica. De Nueva Orleans a Chicago, a lomos del Missisippi y la corneta de Louis Armstrong. De Chicago a Kansas City y Nueva York, donde Duke Ellington y Count Basie ya preparaban la próxima revolución… El jazz es un terreno movedizo que obliga a sus fieles a llevar una vida transhumante (y humeante, los viejos tópicos no dejan de ser hermosos), y a vivir con lo puesto muchas veces, porque nunca se sabe con qué excusa de supervivencia habrá que volver a cambiar de aires, en la obstinación de seguir haciendo aquello en lo que se cree. Bendita cabezonería en un país de sordos…

Esta es una visión tremendamente romántica, claro está, pero que apenas oculta una cruda realidad bien visible para cualquiera: el jazz es un modo de vida, una ética por encima del escepticismo, y de un valor incalculable en una sociedad pensada para consumir distraídamente. Incluso Thelonious Monk fue un apestado durante años, y apenas podía participar en las míticas jams que prefiguraron el be-bop, ya que su estética (personal y musical) era “demasiado abstracta” para ser asimilada por la audiencia. Esto sí es contracultura.

**Víctor de Diego** no ha cesado de buscar un lugar para su música. Esa ha sido su apuesta: cuando hace más de 15 años dejó su Bilbao natal camino de la “Meca” del jazz peninsular, cuando decidió que lo suyo era eso o nada, como tantos otros músicos que abandonaron en el camino, como tantos talentos geniales de su generación que siguen siendo un misterio para las “grandes audiencias” de los festivales veraniegos: Gorka Benítez, David Xirgu, Joan Díaz, David Mengual…

Barcelona siempre ha acogido sonriente a quien tenía algo importante para compartir, y Víctor por fin lo demuestra en Oraindik Ametsetan. No es su primera grabación, ni como líder (Speak Low, Victor de Diego Quartet e Iratxo son buenas piedras de toque para quien quiera conocer su trayectoria anterior) ni como “sideman” en proyectos ajenos (les emplazo a que sigan su currículum sin empacho), pero nunca antes su voz jazzística había fluido con semejante naturalidad. No faltan referencias clásicas (de un clásico contemporáneo como Joshua Redman, aunque quizás seguramente algunos también reconozcan la faceta lírica de Sonny Rollins en sus momentos más luminosos), y muchos temas podrán sonar familiares a la primera escucha, ya que el repertorio que reúne aquí es estimable por accesible (¿dónde quedó la buena música comercial?), pero de ley. O sin ningún “pero”. Hubo un tiempo en que sellos como Blue Note o Prestige eran auténticas factorías de éxitos para “relativas multitudes”, y algo de esa ingenua belleza hay en este disco…

Musicalmente, Victor muestra su gusto por la escuela hardbop de finales de los 50 y principios de los 60, alejado radicalmente de los experimentos que eventualmente coprotagoniza con otros cómplices de la escena (Gorka Benítez: Sólo la verdad es Sexy). En este contexto clásico se mueve como pez en el agua, con un discurso fluído y sin artificios, natural. Víctor de Diego ha dado con una formación que le viene al pelo para presentarnos este nuevo proyecto, mezcla de empuje y experiencia. Puede que aún estén a mitad del camino como formación estable, pero dada su solvencia esto no les impide sonar con el empaque de un cuarteto que lleva tocando tiempo. Ilusiona la dirección que abocetan en esta grabación, sorprendentemente espontánea dada la “juventud” de este repertorio. A finales del 2004 estrenaron la música de Oraindik Ametsetan en Galicia y se han apresurado a registrarla con la mayor premura.

**Curro Gálvez** forma una de las “patas” del sólido sostén rítmico, y hace de su sobrio contrabajo un valor en alza. Marc Ayza atesora en su juventud una dilatada experiencia tras los parches. Inventiva y energía a las que hay que prestar mucha atención, a tenor de los logros de Dee-Jah, su primer álbum como líder donde resume esa vocación tan pronto clásica como transgresora y una mano excelente para la dirección, sin excesos percusivos ni tiranías (tan habituales en los discos liderados por percusionistas).

**Joan Díaz** reclama desde ya un sitio dentro de la élite pianistica del jazz estatal, con una versatilidad asombrosa (The Komeda Project Live -Dani Pérez-, Dalirógena –Joan Díaz Group-, Deriva –David Mengual- son obras que honran la creatividad y el riesgo) y un lenguaje claro y desafectado, tremendamente natural. Aquí su piano aporta un toque de swing clásico que por momentos deviene en auténtico gospel. Una gozada que en los 60 hubo quien llamó “soul-jazz”…

Desde luego a este trabajo no le faltan alma ni groove, el repertorio resulta fresco y denota una labor previa de simplificación. Puede que le falten un par de minutos de cocción, pero en esa urgencia tiene una gran virtud. En breve estará girando en directo y seguramente estos mismos temas tengan una mayor musculatura, ya que esta es una música que parece pensada especialmente para el directo (el jazz, por definición, debería tener siempre esta cualidad).

En este sentido, el menos técnico, Oraindik Ametsetan es un prodigio de optimismo hasta en sus recovecos más introspectivos, un fiel reflejo de este nuevo Víctor de Diego. Quizás haya quien le descubra ahora, pero él no es un recién llegado. No se puede salir de la nada con un disco así bajo el brazo. Rimbaud sonaba trágico a los 16 y patético en su madurez. Pero sólo hay una forma de parecer sabio y es a través de la experiencia.
Gotxi