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Comentario

Panza de Burro

Juan de Diego (Bilbao, 1968), retoma su proyecto de trío en su primer disco para Errabal, un formato que ya le diera excelentes resultados en trabajos previos, como KEA (Artimaña Records, 2003). Si en su anterior aventura -el quinteto De Diego Brothers, coliderado junto a su hermano Víctor– daba rienda suelta a su pasión por el hard bop más funky y el sonido Blue Note de los 60, en esta nueva grabación se reafirma como un creador libre de complejos y con una suficiencia técnica notable.
Los músicos que le acompañan no se limitan a proporcionar un mero soporte rítmico: este tipo de formación –trompeta, guitarra y batería- exige un compromiso absoluto por parte de sus integrantes para gestionar silencios y armonía. De hecho, en este caso ni siquiera encontramos el habitual acompañamiento del contrabajo, lo que lo emparenta aún más con la estética del Tiny Bell Trio de Dave Douglas: esta se intuye a lo largo del disco, y se hace evidente en temas redondos como “Can Pitágoras”. Su química con **Dani Pérez** (uno de los guitarristas más personales de la península) y Joe Smith, así como un sólido planteamiento previo, logra que los espacios nunca suenen carentes de contenido. Muy al contrario, acotan y refuerzan el discurso musical. Apenas dos canciones rebasan los cinco minutos de duración, algo inhabitual en un disco de jazz, pero el discurso de esta grabación trasciende etiquetas y estructuras, sin hacerle ascos al humor ni a melodías y recursos más propios de un contexto pop-rock: la guitarra de Dani en Laredo recuerda sin remedio al Neil Young más áspero, Panza de Burro resulta ser un blues pasado por el tamiz de Thom Yorke, Fa Sol La Sol Sib casi parece un juego infantil pleno de humor y ternura, Zur eta Lur desprende sutiles aromas brasileños… Juan de Diego prescinde de juicios y prejuicios; en definitiva, da una lección de ingenio, contemporaneidad y frescura en un disco que sorprende y se disfruta sin dificultad, donde la cohesión del grupo brilla en un contexto relajado y natural, sin hacerle ascos a la experimentación y la improvisación libre. Mimbres no faltan.