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Comentario

Petti eléctrico da calambre

Petti es un músico que sugiere la creación a borbotones. Surgió en ebullición hace apenas tres años con un trabajo que era un sueño, una grabación aparentemente sencilla que cobijaba una energía nueva, canciones como golpes en una voz densa, segura y poderosa. Su directo aún impresionaba más, siempre recordaré la intensidad de algún sico-blues hipnótico, su forma misma de tocar la guitarra huyendo de torpezas disfrazadas. Este mugalari rítmico de Bera nos traía ecos de un cantautor folk y acústico en ocasiones, como una imposible continuación de los registros más salvajes de algunos componentes de Ez dok amairu! Pero todos sabíamos también que Petti admiraba a los Tom Waits, Neil Young, Tim Buckley o Nick Cave. Sabíamos que le gustaba jugar con riffs de blues, pero no escribió en la pared que Clapton era Dios. El trágico Nick Drake era su Dios confeso en forma de canción.

El año pasado Petti barajó la edición de un trabajo doble con disco acústico y otro eléctrico. Al final “Arrazoiak” optó por el camino menos evidente, cantos redondos como “Alegia”, “Dirdira hori” o “Bihotzeko harriak” se replegaban a un mundo acústico que parecía querer hacerlos delicados. Petti optó por esperar para su entrega eléctrica. Ahora todo está consumado, para esa otra encarnación que da calambre y sacude hasta el alma. Las trece piezas de “Etxeko uzta” están grabadas junto a cuatro de sus colaboradores habituales, francotiradores de la escuela rockera de Bera, los Irazoki, Fernan y Joseba, y también Iñigo y Maikel, que ya ofrecieron hace un año su rock patafísico bajo el seudónimo de Onddo, y antes junto a Montoia.

“Hitz jarioa”, que hace funciones de single, define el estremecimiento de desconfianza que produce la palabrería. Rítmicamente también establece el camino de guitarreos densos que acumula Petti en sus baladas eléctricas. “Aurrera-aintzinera”, en cambio, late con ese corazón trotón que no sonara extraño a los seguidores de Crazy Horse. También encontramos un par de piezas de otro amigo del “alma” de Petti, Beñardo Goietxe: “ Ziztak irauli” juega con un sico-billy de sucios guitarreos con el amor y la tierra, el hierro y la herrumbre, mientras que “Biharamuna” es como una “raga” pirenaica, un desvarío que cierra con mucha brillantez esta cosecha íntima.

El alma doble de Petti, también se ha querido mostrar en una autoversión de “Bera”, la pieza estrella de “Amets bat”, su primer trabajo, una declaración de existencialismo que ahora estremece más, en su acidez, en su “yarragh” final. Otra pieza de desgarro es “Adiskideak” con un suave valseo arrastrado y misterioso. En un descenso a los infiernos del desamparo Petti nos recuerda ese mundo tomwaitsiano en “Agurra”. “Etxeko uzta” también tiene piezas guitarreras como “Iraganaren putzua”, un hard pop que compite con “Ikuskizuna” más acelerado, punkero pero con melodía, como algo Who. Todo antes de otra autoversión con “Arrazoiak”, una de las piezas más crípticas de su anterior trabajo, un saber que le es propio. Y además de “Nazkatuta” que tiene una voz de ultratumba queda una curiosidad sonora, “Eroriko naiz (Bizia)” que tiene algo de ese aroma de nuevo country de grupos como Wilco o Lambchop.

Con “Etxeko uzta” el navarro va camino de un proceso de maduración, controlando su voz, jugando con un rock en ocasiones minimalista, pero lleno de calenturas, de expresividad controlada de ese universo socarrón y algo salvaje que tanto nos atrae de las canciones con calambre de Petti.

Pedro ELIAS IGARTUA