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Comentario

**Goñi y Scarpa, veinte años de amor al blues**

Gaztelupeko Hotsak añade una nueva pieza a su catalogo de blues, el disco definitivo de Ñaco Goñi y Malcolm Scarpa como bluesmen callejeros, una obra de auténtica dedicación, un homenaje a los clásicos hecho con amor y sentimiento, como dice su colega guitarrista Tonky de la Peña.

El CD es por un lado una recopilación de momentos felices del dúo previamente publicados: tres cortes recuperados de su vinilo para Cambayá de 1991 y cinco más obtenidos de obras del Malcom y el Ñaco que honran el catálogo de Gaztelupe, en especial las inolvidables Berriz Blues Sessions, que aportan cuatro piezas, incluida aquella lectura melancólica del "Going Away Party" de T. Bone Walker con la triki de Joseba Tapia, que acaban convirtiéndola en un híbrido entre una mussette parisina y un blues hawaiano.

El otro cincuenta por ciento son ocho canciones de esas que llaman "raras e inéditas" grabadas en un periodo que va desde la más antigua de 1984, con una desnuda grabación casera del "Crawling King Snake" de John Lee Hooker con un piano y una sonoridad que nos recuerda favorablemente a la del propio Hooker en unas cintas, también caseras, de 1949 en Detroit, y que fueron descubiertas y editadas hace unos meses, hasta la dos más recientes grabadas este mismo 2000 en directo en Vapor Blues, junto al batería Amando Marcé, un "Blowing the blues" con cierto sabor a jazz, y una versión seria e introvertida de "Drunken Hearted Blues" de Robert Johnson, cantado por el Malcolm con una intensidad que casi nos recuerda a Billie Holliday haciendo "My man" en un cabaret con los ojos llorosos. Podemos además contrastar la misma pieza de Johnson, tal como Ñaco y Malcolm la grabaron en 1991 para Cambayá. Un buen parámetro para medir la sabiduría cantora adquirida por el Malcolm.

El CD es una delicia de principio a fin y las caratulas de Simonides, en el más puro estilo Robert Crumb, son el mejor homenaje a estos dos bluesmen trotamundos, cuya evolución se puede seguir en estas piezas. Desde las piezas caseras, imperfectas como el "Honest I do" de 1985, de nuevo con el piano de Elvia Aguilar, hasta esa enorme versión con "yodels" incluidos del "Long Gone Lonesome Blues" de Hank Williams, acompañados de Francisco Simón (guitarra) y Steve Jordan (batería) que de nuevo les ayudan en la tercera pieza del viejo LP del 91 incluida, "Rattlesnake Daddy", uno de los temas, por cierto, donde más me impresiona la armónica de Ñaco.

Del primer CD de Ñaco para Gaztelupe podemos escuchar "Me and my buddy", carta de presentación del dúo, pero aún nos motiva más el tema "Ida Red" interpretado al estilo de las viejas "jug bands" de Memphis, en contraste con la estilo "downhome", con cierto toque folk, con que hacen otra pieza tradicional "She?s a Hum-Dum Dinger" ambas de las "Berriz Blues Sesssions", al igual que el efectivo "Black Nights", en plena explosión de blues eléctrico con esa pieza del veterano tejano Lowell Fulson.

Entre las rarezas podemos contar un ejercicio de ragtime a cargo de Malcolm en solitario "The Jitter Jive" grabado en 1996 en el Bar Correcaminos, y otra intervención también solista y delirante del "Hot Nuts" grabada una año antes en Café Naciones, sesión de la que aparecen dos cantos más de Blind Lemon Jefferson, impresionate en particular el "Black Snake Moan", cantado asi como un lamento.

Cuando hay tantos intentos de querer epatar, haciendo blues electrificado hasta extremos insanos e insensibles, la experiencia de escuchar al Malcolm y al Ñaco tiene mucho de catarsis para un buen aficionado al blues. Su último trabajo es un artefacto indispensable para purificarse escuchando buen blues.