Diario Vasco
JUAN LUIS ETXEBERRIA
Bastante papel el que se movió en la taquilla de la sala Gazteszena
donostiarra para ser un miércoles a la noche. Los tolosarras Bide Ertzean
presentaban nuevo disco, Non dira. Una pregunta lanzada al viento buscando
saber qué pasó, entre otros muchos, con el abuelo y tatarabuelo de esos
hermanos Ubeda que capitanean esta banda tolosarra. Familia que en la Guerra
Civil sufrió los rigores de la contienda.
Aunque para rigores, escénicos, los que sufrió el telonero Mikel Aranzabal.
Nervioso como un flan, el nuevo Bardo de Orio (y antiguo integrante del
grupo Gaitza) apareció acompañado de su guitarra acústica y unas canciones
de cantautor moderno que con el paso de los escenarios podrán disfrutarse
con mayor soltura.
Veníamos lanzados a ver a Bide Ertzean. Porque hace un par de meses, cuando
Coti aterrizó en el aniversario de la antigua capital guipuzcoana, el
quinteto le abrió la noche con un concierto lleno de energía y melodía,
rompiendo el mito de banda tranquila que se sustenta en sus pausados
trabajos discográficos.

Unas canciones que van abandonando poco a poco el regusto brit-pop que las
envolvía para navegar hacia la Norteamérica de melodías rockeras.
Guitarreras y algo sucias, con muchos coros, pero melodías al fin y al cabo.
Parece que la inclusión de Joserra Semperena como miembro fijo de la banda
les ha iluminado un camino ya de por sí bastante definido.
El concierto donostiarra comenzó despertando en nuestro paladar los sabores
de su última actuación. Con explicaciones sobre las influencias que han
parido este disco-denuncia: Una historia sobre el frente contada por un
viejo gudari guipuzcoano, el peso que Las Dones del 36 (las mujeres del 36)
catalanas han tenido en este trabajo por su defensa de los ideales y las
reivindicaciones sufragistas e igualitarias.
Sobre el escenario les acompañaron en distintos momentos Gorka Urbizu
(cantante de Berri Txarrak) y un Mikel Erentxun que lo bordó a la hora de
cantar en euskera. Quique González también estaba anunciado, pero al
madrileño le surgieron otras obligaciones. En la zona media del concierto la
lista de canciones se relajó, prestando atención a las guitarras
desenchufadas y las cadencias sosegadas.
El último tercio del acto fue el de entrar a matar. Y la banda no falló.
Volvieron los bríos, los aciertos melódicos y los estribillos de eterno
tarareo. Estamos ante un gozoso rara avis del pop vasco. Una banda que sabe
decorar ideas reivindicativas con sonidos tan poco conceptuales como el rock
y el pop. Unas músicas que tienen en Bide Ertzean unos más que dignos
representantes locales.
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