Texto: Óscar Cubillo / Foto: Imanol Atxega
El quinteto donostiarra estrenará mañana en Bilbao su particular adaptación de las enseñanzas de Peret
Les ha llegado la hora de la verdad. Tras cinco discos autoproducidos (cuatro CDs y un EP) y una actividad en vivo que, hasta hoy, no ha trascendido del ámbito hostelero, Mal De Ojo, los rumberos donostiarras por excelencia, han firmado por un sello profesional que les otorgará mayor publicidad, mejor distribución, cierta atención mediática (por el momento, nosotros y casi nadie más les había dado cancha) y la posibilidadd de encaramarse a los tablados de las fiestas.
Mal De Ojo arrancaron en 1993 «por la necesidad vital» de interpretar rumbas. Por sus filas han pasado una veintena de músicos y no se han comido nada en una década. «Bueno, yo no diría que haya sido así –refuta Adrián Pérez, el líder del grupo y único componente nuclear remanente–. Esta historia me ha dado lo suficiente para continuar hasta ahora en la música. Todo depende del criterio de cada persona y sus expectativas sobre lo que es ‘comerse algo’».
Se le nota molesto a Adrián ante nuestra observación. Escanciamos otra copa de vino y le explicamos que el común de los mortales ha dado la espalda a sus álbumes. «Porque los desconoce –justifica–. Carecen de promoción. Son pequeñas grandes obras sin ningún apoyo. Si tú ves un CD de alguien que no conoces en tu tienda favorita, lógicamente no te paras ni a pensar que puedes comprarlo –jo, la de vinilos y compactos que hemos pillado sin conocer a los grupos–. A pesar de que sea más barato, pues nuestros discos siempre han sido más económicos».
Se refiere a sus referencias autogestionadas: Venga y que siga la fiesta (94-95), Y te ha tocado mal de ojo (95-96; este es el EP), Para finos paladares (96-97), Oye, tío, yo te quiero (97-98), y Bajo el agua de fuego (00-01). Adrián se queda con el primero por eso, por ser el primero «y el más sorprendente, incluso para nosotros. El producto nos gustó tanto que inició esta gran aventura hace justo diez años». Ahora, el sello, Gaztelupeko Hotsak, se plantea comercializar un recopilatorio de la trayectoria previa: «Es bastante posible. Deberíamos hablar de las condiciones para regrabar varios temas pues, debido a nuestra independencia, algunos dejan bastante que desear».
Adrián ha estado a punto de arrojar la toalla en numerosas ocasiones. «Incluso ahora mismo lo estamos pensando. Todo se coloca en una balanza que pesa las necesidades vitales y lo que cuestan: lo que te supone de encabronamiento, de ir de un sitio para otro, de mover las cosas… Nunca sabes cómo equilibrar esta balanza porque siempre cae de un lado, que normalmente es el bueno».
«No somos profesionales»
Mal De Ojo cada vez cantan más en vascuence «por una razón de evolución pura y dura. De los cinco elementos del grupo, cuatro y medio hablamos en euskera habitualmente. Vivimos en euskera». Su media supera la treintena y han militado en proyectos variopintos: Etzakit, grupos de verbena y de jazz, corales, y Mogollón en el caso de nuestro interlocutor, quien desde 1993 se concentra en este quinteto que él define como ejecutante de rumba transgresora. «Lo llamo así por el entorno. Cantar rumba en Euskadi era básicamente sorprendente hace diez años. Pero nos contaminamos de ese modo de hacer música y nos lo apropiamos. No era teatro: sentíamos el ritmo».
Superado el periodo de autogestión que les dejó agotados, Mal De Ojo negociaron con Gaztelupeko Hotsak y ficharon rápidamente (los regidores del sello se declaran sus fans). «Éramos conscientes de nuestra propuesta y de la trayectoria de Gaztelupeko, que tenía un espíritu más o menos abierto. A los demás sellos les mandamos una cinta, simplemente, pero muy pocos contestaron, lo cual se agradece».
No probaron con discográficas de fuera de Euskadi. «Nuestro espacio natural es éste y no nos interesa demasiado crear una historia que se nos escape de las manos. Mantenemos nuestros empleos porque la música no da dinero ni somos profesionales. Damos lo que damos y llegamos a lo que llegamos», filosofa.
Su álbum definitivo es Mestijaia, título que busca el híbrido entre la fiesta y el mestizaje en unos tiempos donde este término pierde credibilidad a marchas forzadas. «Ahora todo el mundo es mestizo, pero nuestra apuesta musical lo es de verdad. Y lo de la fiesta lo teníamos clarísimo. Nuestros conciertos son básicamente fiesta, y el que no se quiera apuntar, que no vaya. Si no estamos a gusto, dejamos de tocar. Así de claro. No entiendo seguir tocando por un caché. Tampoco comprendo a muchos ayuntamientos que contratan a un grupo por tener la plaza con música, con ruido, aunque nadie le haga caso. Para el grupo es alienante y yo no lo haré nunca. Prefiero devolver el dinero».
Mestijaia es un trabajo cálido, luminoso, rumbero y ligero, como todos los anteriores. No nos sorprende a los que conocemos de siempre a Mal De Ojo, pero sí que lo ha hecho a los neófitos en la rumba euskaldun, que los han ubicado en el mismo espectro que grupos como Ojos De Brujo y Elbicho. Sin embargo, Adrián se muestra escéptico ante las posibilidades de su cancionero, eminentemente amoroso. ¡Qué bonito es el amor!
«Ya. Y qué bonito es el desamor. Las letras son para el que tenga que decir algo. Y el que no, que cante canciones de Alejandro Sanz a su chica. Quien no siente, no puede contar nada. Así lo creo y yo, como autor, aún tengo algo que decir». También sus textos exudan hedonismo. «Vivir la vida y tal está muy bien; aunque el sentimiento de autodestrucción nos llega a todos, nunca hemos superado esa frontera».
Entre el caudal rumbero, Mal De Ojo cuelan algún bolero-son, sugieren el pasodoble y el boogalo y se atreven incluso a rapear con unos bertsolaris. Son canciones que recrearán en recintos hosteleros y en las fiestas que les requieran, donde les pagarán más. «Bueno, yo vivo de mi trabajo y la música es un ‘hobby’ –aclara Adrián–. Seguimos actuando en cualquier sitio. Es más, nos encanta tocar en un bar y pensamos que ese circuito se debería potenciar. Sentimos miedo cuando nos preguntamos si en una plaza podemos responder a lo que pide el público, que es más amplio y heterogéneo. Hasta ahora, la realidad nos dice que podemos».
Mal De Ojo se presentarán mañana al aire libre en Bilbao (Uribarri), donde ofrecerán un recital «más fino y formal», y el domingo en el Kilometroak de Lazkao. Y viajarán a la Plaza barcelonesa del Rey, en pleno reino de Peret. «Cantaremos nuestro repertorio habitual en euskera y seremos igualmente transgresores». Pues suerte, maestros.
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