VICTOR ANEIROS ENCONTRÓ SU BALA PERDIDA
Por Eduardo Galán.
Los lamentos son comunes en cualquier parte del mundo y establecen relaciones sólidas entre culturas extrañas, dijo un poeta africano, padre de la teoría de la negritud. Así, el blues en gallego tiene todo el sentido del mundo. Y parece tenerlo mucho más en la voz y en la guitarra de Víctor Aneiros.
El nuevo disco de Víctor le da otra oportunidad a la música negra de alma gallega. Seguramente es el mejor de los cuatro publicados hasta ahora por el músico ferrolano, ya que resulta coherente de principio a fin. La melancolía recorre cada fraseo de guitarra, cada verso cantado. Está hecho de nuestra esencia: la lluvia y las lágrimas. Como una bala líquida, para morir y para vivir, perdida y encontrada.
Sobre Heroe secreto planea un mestizaje sin prejuicios, una fusión natural de tradición y modernidad, jazz, rock y hasta algo de funk!, ensartados en la columna vertebral del blues. Las letras recogidas de los periódicos por Víctor conviven con las de nuestros clásicos, Rosalía de Castro, Luís Pimentel, Amado Carballo o Curros Enriquez y también con autores contemporáneos como Ramiro Fonte.
El frío abraza y el invierno es un cuchillo. El viento aulla y arrastra hojas muertas. Los protagonistas de las historias son desarraigados, emigrantes, perdedores urbanos que viven en los bares y en la noche de los barrios, apagando la luna, buscando en las calles de cualquier ciudad marinera una esquina para poder ser felices unos segundos.
Hay algunas islas mágicas, salpicadas en el mar de desolación que es Heroe secreto, como Árbores e lume, pieza surrealista y de raro sentido del humor. Con una letra de Fuco Nadales, viejo camarada musical de Víctor, rescatada de los años ochenta. Árbores e lume tiene ahora una relectura asincrónica y alucinada en la que los niños que juegan en un parque son pequeños diablos de vida en el despertar de una mañana de resaca. Para quien escribe, esta es, sin duda, una de las letras más ingeniosas y sugerentes de la historia de nuestra música.
La guitarra distorsionada fluye y recorre meandros erráticos; sus sonidos anímicos son lamentos y lloros pero también golpes de furia. Son lluvia mansa con el dobro y con el slide que se desliza sobre la guitarra desenchufada en Soia o en Canzón pra que un neno non durma. Se convierten en lluvia torrencial distorsionada en Miña bala perdida o Iago.
En los guiños de la guitarra están los viejos amigos y maestros de Víctor, especialmente Rory Gallagher o Jimi Hendrix, este último evocado en ráfagas sonoroas recordadas de Crosstown Traffic o Spanish Castle Magic.
Todo edificado sobre la base poderosa de los músicos habituales que acompañan a Víctor, Marcos Sánchez en la batería y Xacobe Martínez en el bajo. Y con el diálogo franco y sabio del piano de Manolo Gutiérrez, que replica a Víctor dejando caer gotas saladas, salpicadas sobre la guitarra.
En fin, este es, para nosotros el cd del año. En el encontrareis un puñado de pequeñas piezas maestras de las que nuestro gusto particular destacará la conseguida atmósfera de los sótanos de la noche que es Na barra. Y también Solpor, el tema más optimista del disco, casi una nana eléctrica que podría ser un éxito comercial, himno de estribillo contagioso que habla de un sol que moría.
Sin olvidar la nueva versión de Unha noite na eira do trigo , con la maravillosa voz negra de Paula Martins. Víctor y Paula deberían cntinuar con su hermosa colaboración. ¿Que tal un nuevo disco mano a mano?.
Compostela, noviembre 2007.
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