Rock de sentimientos
Txuma Murugarren es quizá el secreto mejor guardado del rock vasco, el de un músico que como motor del grupo Sasoi Ilunak salpicó los años noventa con tres trabajos de indudable sustancia lírica y sonora, con una evolución que en el 98 con “Harakina” ofrecía más pistas que nunca sobre la necesidad que Txuma debía sentir por darse la libertad de trabajar como solista, lo que unido a la oferta de su compañía, se plasmó en un disco con 17 cantos apresuradamente grabados pero que no podían esconder su atractivo . Piezas como “Ez dakit”, “Aspaldian bezala”,”Arima lakarra”,”Ene Begiak”,o “zaldi xuria” se abrían como pétalos palpitantes,en una voz que sabe interpretar canciones de amor y desamor porque le va la vida en ello. Lástima haber dejado que algunos de los cantos perdieran fuerza a base de repetir un esquema de riqui-raca acústico con cierto tufo al cantautor folk que Txuma no es.
El planteamiento de su segundo trabajo “Hegazkinen arima” ha sido bien diferente y los resultados se han querido concentrar en once cantos trabajados por Rafa Rueda del grupo PiLT que además mete la mayor parte de las guitarras. Frente a excesos de su anterior trabajo hay mayor discriminación de los cantos elegidos: diez nuevos y una versión de “Izaskun”, que habría el primer disco de Sasoi Ilunak hace casi diez años.
Este vuelo al pasado que abre el recuerdo, ahora en un tempo lento con guitarras de hielo, es por donde se debe de comenzar la escucha, antes de comenzar a escuchar “Proposamena”, una de estas canciones de Txuma que lleva el corazón en los ojos como la chica protagonista. La canción empieza muy acústica pero el trabajo de los músicos siguiendo esa voz (Txarli Solano- bajo de PiLT Arturo Garcia batería e Iban Mella teclas ) va dejando claro que aquí sí tenemos aquello que echábamos en falta más arriba, como esa percusión final que marca la declaración de amor imposible. En esa misma línea final, tenemos otra pieza de fuerza desbordante , de contrastes y fiereza, “Ganbaran gordetakoa”, con momentos wagnerianos, con esas guitarras amenazantes en las que Txuma busca sacudir las palabras.
En otro punto del disco podemos encontrar una pista más popera , la de “Xumea” una confesión de quien dice “moverse de aquí para allá como las arrogantes gramíneas de primavera mecidas por el viento templado “ Es la antesala de “Nire tristezia”, con letra de Alina Ivan, unas de las piezas que más huella deja, oscura, áspera y difícil, la más catártica.
Otros cantos como “Arto zelaian” tienen un discurso más prosaico, más sociológico, aunque en las canciones de Murugarren esto va también dirigido al mundo de los sentimientos. “Erromako bideak” tiene, en cambio, algo de saudade lusitana, no es un fado pero podía haberlo sido. Hay que deleitarse así mismo en el tono de balada de “Eskuizkribua”, con ese piano elegante a lo Randy Newman, que casi lleva a Txuma al papel de “crooner” imposible. “Aldapan betiko” al final es otro ejemplo de lo efectivo de unos mínimos instrumentales para adentrarnos en ese mundo de recuerdos y de olvido, todo al servicio de una voz que hace rock de sentimientos.
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