Txukalda
Como manda la larga tradición de songwriters o escritores de canciones, los bares fueron el primer refugio para las canciones de Morau. Lugares muy apropiados ,los bares, para medir el instinto de un músico, que debe dar lo mejor de sí mismo para atraer la atención de ese cliente que por casualidad se ha acercado al concierto. En el caso de Morau, sus armas estaban bien definidas desde el comienzo: lucidez para hacer canciones directas que ofrecen un retrato irónico de nuestra sociedad —siendo admirador de Billy Bragg y Woody Guthrie no podía ser de otra manera—, sensibilidad para describir los enigmas sentimentales en baladas dulces, y por último, pero no por ello menos importante, el humor, una cualidad que le aleja del habitual trascendentalismo en los cantautores. Aparte de una personalidad propia, Morau mostró desde sus inicios un encanto especial que le hicieron ser una dulce excepción en el panorama musical vasco.
Solista, pero no solitario. A la hora de grabar sus canciones siempre ha sentido la necesidad de estar arropado por músicos afines. Las canciones del primer disco, Morau (Gaztelupeko Hotsak, 1997) las trabajó en el local y en directo con Joxi Ubeda (Bukaera, Anima Vili, Batzuk, Tanta) y luego las grabó con los miembros de Deabruak Teilatuetan. Varias canciones de aquel trabajo lograron gracias al boca a boca una notable repercusión . Hablo de Nork daki, Amodio historioa y Guk mundua aldatuko dugu —esta última incluso fue utilizada como sintonía en una serie de televisión—.
Las canciones que no entraron en aquel disco fueron recopiladas luego en un EP acústico Kantu galduak (Gaztelupeko Hotsak, 1998)—, y más tarde llegó el segundo disco, Amodio domestikoak (Gaztelupeko Hotsak, 2000). Fue este un trabajo más maduro e intimista que el anterior, donde colaboró con nuevos músicos —la conexión con Tolosa fue sustituida por la de Bera (Petti, Joseba Irazoki, Beñardo Goietxe…)— y se abrió a más estilos —empieza a notarse la influencia del rock de raíces americano—; fue un paso adelante en la carrera de Morau, que le dio la oportunidad incluso de abrir el concierto de Smog en Bilbao.
A pesar de todo, hemos tenido que esperar cuatro años para tener la nueva colección de canciones de Morau entre las manos. La novedad más significativa de este Txukalda la encontrarás en la portada, pues es el primer disco en el que Morau añade el nombre del grupo al suyo. Beñargo Goietxe (guitarras y voces) y Jexux Agirresarobe (bajo) ya participaron en el anterior disco, pero ha sido en estos últimos tres años cuando el grupo se ha estabilizado con la incorporación de Igor Mendia (bateria). El trabajo hecho en el local de ensayo y la evolución lograda son patentes. Si los anteriores discos pecaban de una cierta dispersión de estilos y sonidos, en éste el trabajo del grupo ha ido encaminado a lograr una cohesión entre las doce canciones, reduciendo el cupo de colaboraciones a las meramente necesarias. Sin minusvalorar la aportación de los otros miembros, el trabajo de Beñardo Goietxe me parece especialmente remarcable. Suyas son esan guitarras tan frescas y juguetonas, y esos coros elegantes e imaginativos, únicos por estos lares. Aparte de tener una influencia decisiva en el viraje musical del propio Morau. Musicalmente, el disco es completo: hay rock de autor americano (Atzerritarrak, Hitz horrek), pop con espíritu naif (Egunero), baladas (Susmoa), delicado intimismo (Azken igerilaria), malenconía columpiada en el acordeón de Jabier Muguruza (Geltokiak) y una revisión de la tradición (si en el anterior fue Mikel Laboa el versioneado, en este se atreve con un clásico de Xabier Lete, Haizea dator). A pesar del paso de los años, Morau sigue siendo un plato diferente dentro del menú musical vasco.
Mención especial merece también el trabajo de ilustración de Mattin. Desde los tiempos en que hacían el cómic Bokarta en la revista Argia, no habían vuelto a trabaja r juntos los dos. Mattin ha sabido plasmar de modo personal y sugerente las historias de los protagonistas de estas canciones, personas que buscan su nido, físico y afectivo, en esta vida.
J.E
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