
Andoni Tolosa firmaba antes como Morau, pero, después de un par de discos y de un EP en acústico, en la firma de este tercer álbum, “Txukalda”, ha decidido incluir a su banda. El hecho no afecta en demasía al resultado por cuanto, dentro de la música de Morau, el territorio concedido a los instrumentistas es el mínimo posible. La banda queda relacionada como “de acompañamiento” y parece que este cambio de nombre no es otra cosa que un amigable reconocimiento a quienes colaboran para llevar a puerto discográfico las canciones de Andoni.
La música de Morau es fácil de presentar: viene del folk norteamericano y, con esas pautas, se centra en el terreno del cantautor folkie rockero que siempre se maneja mejor en terrenos acústicos que en los eléctricos. Bastaría con señalar que Andoni es fan de gente como Billy Bragg o Woody Guthrie para retratarle con claridad, pero habría que dejar claro, del mismo modo, que no estamos ante un trovador solitario y litúrgico. Sus formas pueden recordar, con frecuencia, a iconos dylanianos que, por esas cosas del azar, han terminado cantando en euskera.
El resultado, precisamente por el hecho del idioma, no deja de ser pintoresco. En el resto de los asuntos a valorar nos encontramos con un cantautor de bar, animadillo por momentos, sencillote en otros… nada de novedad y ningún invento reseñable. Todo depende de cómo te entren las canciones y de lo que éstas terminen aportando a tu persona, ya que, como este disco, hay infinidad que, al igual que enamoran, te dejan la mar de frío. Un álbum simple para un proyecto simple, muy similar a todos aquéllos que recogen, desde fuera, la tradición norteamericana.
E.P.
|