El poet-pop de Lorelei
Asier Serrano es un poeta que no se esconde tras los textos, ya lo afirmaba él: “en la poesía he sido un hombre de calle”. No cabe duda que los poetas siempre sintieron la tentación de trovar y algunos hasta se convierten en cantautores. Pero otros, y Serrano está entre ellos, escriben más a gusto para un formato que para entendernos es el rock. Matizando Lorelei derriten el hielo en flores, se han convertido con su segundo trabajo “Tatuatu zenidan zerua”, en uno de las bandas de power-pop, que en su caso también es poet-pop, que más nos motivan en Euskal Herria, si acaso junto a los navarros Balerdi Balerdi, que cualquier día volverán a grabar.
Lorelei con Josu Margusino como nuevo bajista, junto a Jon Maza (batería), Mikel Gorosabel (guitarra) y Asier Serrano como cantante solista, han dado un importante paso adelante, se han bastado y sobrado para hacer diez nuevas piezas de densidad rítmica y lírica. Las guitarras acústicas y eléctricas bailan la danza de “Bigarren gezia” al son del amor físico. Este es un viaje de cantos agridulces, “Karminen urratsak”, o la historia de “Nahia (Garai artean jaiotako haurra)”, dolor/amor como binomio imantado, con el tintineo de las guitarra que es el enganche locomotriz de estas canciones que nos van arañando el alma en profundidad.
En “Badira oraindik” el teclado cubre la canción de soul, este pop se vuelve desesperado, cada instante amenaza un futuro incierto. “Deitudan hik arren” es una llamada a la puerta del deseo. Para este quinto tema la música de Lorelei ya es tan familiar a los oídos que parece haber estado ahí siempre. El grupo sabe resolver las piezas con facilidad, los puentes de la guitarra solista para unir el canto de estrofas, y jugar con el estribillo, son la mejor prueba de la habilidad del grupo para hacer rock sin estridencias.
El espíritu que planea sobre “Trena iristen ari da” nos recuerda al de “Mistery Train”, el blues de Junior Parker que retomaba el “Love in vain” de Robert Johnson, acelerado por el ritmo de modernas locomotoras que sienten culpa. El deseo que surge en “Eden debekatuetan” lleva un ritmo de rock más latino y abre el camino a “Tatuatu zenidan zeruan”, el canto que da título a la colección, con justicia porque esta historia que trae “saudade” aporta una intensidad climática en la sucesión de canciones, esta producida con matices y deja huella. Antes del sueño final de “Izen gabearen lurrak”. Este viaje al corazón se resume en “Eguzkia altxatzen”, un recitado donde las nueva canciones alcanzan unidad de sentimiento, y la herida cicatriza. Después de escuchar las canciones de Lorelei no es fácil que cualquier otro grupo de rock te contente.
Pedro Elías Igartua
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