concierto de karelean
Fecha: Jueves, 26 de junio. Lugar: Patio de los Gigantes, Iruñea. Intérpretes: Olatz Prat, a la voz; Joseba Illarramendi, a la triki; Bitti Tena, al bajo; Raul Olaizola, a la guitarra; y Aitor Korta, a la batería. Incidencias: Concierto de presentación de 56. Gelatik, primer CD de la banda; 1 hora de duración, bises aparte. Asistencia discreta, público que ovacionó repetidamente a los músicos.
ERIGIDOS sobre la columna vertebral musical de lo que fuera Lin Ton Taun (LTT), Karelean cerró la presente edición del ciclo Kantu eta Hitza, y lo hizo con un concierto en el que la música rayó a gran altura: a la misma que la disfrutada los restantes jueves en los que hemos pasado por el Patio, en líneas generales. En una jornada marcada por el fútbol y la lluvia, con el repiqueteo de aquélla contra el acristalado techo de fondo, como inesperado invitado, ante un público que, tal vez por todo ello, se citó en un número menos numeroso que en semanas anteriores, el concierto deparó la interpretación de los temas que conforman 56. Gelatik, composiciones edificadas partiendo de un rock abierto, matizado, con el característico sonido de la triki, sobre la imponente base creada por bajo y batería, formando parte del colchón musical de igual a igual con la guitarra; levantadas sobre una concepción del rock más pausada y pensada que la de la anterior banda de trikitrilari, bajista y batería aunque, a la postre, al igual que la de LTT en su día, laureada a las primeras de cambio: no en vano en 2006, nada más nacer, el presente grupo se hizo con el certamen de maquetas de Euskadi Gaztea. Pero aparte de recordarnos a LTT (cosa del genuino sabor de la triki aportando peso a las canciones) los actualmente liderados por Olatz demostraron estar de nuevo en la carretera por nuevos méritos, no para vivir de lejanas rentas. Ser más, bastante más que un recuerdo. Tener algo que decir: y todo ello, con el permiso de los músicos restantes, gracias en parte a Olatz, cuyo timbre y forma de cantar vaya cómo nos recordó a la de Aiora Rentería, vocalista de los infravalorados Zea Mays. ¿El resultado de lo visto, así las cosas? Un rock que, con peso y sonido propio se nos antojó emotivo y elegante, y tanto en esencia como en lo que a su facturación en directo se refiere; un hecho musical envolvente y rico en atmósferas progresivas -por momentos- que cautivó a los presentes, un público selecto que premió todas y cada una de las canciones ofrecidas con vigorosos aplausos: unas composiciones, además de lo ya dicho, erigidas sobre efervescentes pasajes instrumentales que, fluyendo a diferentes temperaturas, nos llevaron por parajes de diferentes intensidades... Aunque cálidos siempre, en su conjunto.
Herederos en parte de una formación pionera en los 90 en lo que a fusión de triki y rock hace referencia, de una banda merecedora de mejor suerte que, hasta que cayó en desgracia, cautivó a la escena euskaldun como pocas (no en vano llegó a ser una de las compañeras habituales de escenario de referentes como Negu Gorriak), Karelean pasó por Iruñea calentando la tarde del jueves con su euskal rock txapeldun. ¿Caídos en desgracia, hemos dicho? Sí, y es que tras registrar dos contundentes y exitosos discos en euskera cometieron la osadía de grabar otros dos con una multinacional... y hacer sus correspondientes versiones en castellano, viéndose condenados a cierto ostracismo por parte de un público que no se lo perdonó: algo, en nuestra opinión, al menos discutible, aunque éste sea el que mande: y es que ¿no edita Atxaga sus libros también en castellano sin que nadie diga nada? En fin, dejémonos de aguas pasadas y centrémonos en el presente, para terminar: muy bien Karelean.
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