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Thunder Express y Sexty Sexers en el Kafe Antzokia


MÚSICA. EL BAFLE de Óscar Cubillo

De leones y gatitos

  1. 02.08 - El Correo

Hay nueva reina en la movida. Se llama Amaia y es la churri del promotor amigo Gorka Noise On Tour. Amaia es pizpireta y caprichosa, como buena acuario. Viste de modernita prieta, anda a saltitos gráciles, suele hablar en alto y siempre se está riendo. A veces contrasta su tez marfileña y su pelo azabache con pintalabios de rojo cegador. Los rockeros patilludos y melenudos, esos tan duros que ponen mirada torva al girarse en derredor, gustan de rodearla y, ante ella, sonríen y se muestran como corderitos deseosos de atención, como lindos gatitos esperando que les acaricien el cuello. “Son mis divinos”, suelta ella risueña.
Pues la más puesta y conocedora rockería (que es como la ciudadanía pero mejor vestida) del entorno (¡estaba hasta Fortu, el vocalista de Obús!) acudió el miércoles al Kafe Antzokia con la intención de renovar sus votos rockistas a los pies de Thunder Express, combo paralelo del guitarrista de los afamados Hellacopters. Pero a los suecos les comieron la tostada los teloneros, los navarros Sexty Sexers, como nos imaginábamos. A medio gas, igual que leones paseando por la sabana calurosa, los Sexers se enseñorearon de la noche con piernas abiertas, muchas tablas, un batería genial, gradaciones subliminales constantes, arreglos de las dos guitarras, electricidad que se podía mascar e inmersiones entre el público de los dos hachas, uno de ellos con maneras epilécticas tipo Angus Young. Y es que los SS éstos se rinden a mayores tipo AC/DC y The Cult, se fajarían con guiris como Nashville Pussy o Last Vegas (de los que Amaia lucía camiseta) y noquearían a autóctonos del calibre de Cobra o Lobo Eléctrico. Cantan en euskera, pero con su vascuence ondarrés Amaia apenas les entendería.

Ni fu ni fa

Sí se arreglaría con los nórdicos, pues la reina vivió un año en Londres. Los Thunder Express van de tigres, pero no pasan de gatos domésticos. Fama posee su líder, el siamés flacurrio Robert Dahlquist, hacha de Hellacopters, pero no estuvo a la altura, se dejó vencer por el síndrome del gregario y en 65 minutos se confirmaron los peores indicios. El listado, feble e irregular, estuvo mechado con un boogie, un tema con slide en el bis, un soul vía Hydromatics y un par de calcos de los Copters, y deslucido por su propia inoperancia: problemas con el taburete del baterista, un bajo que se estropeó y, lo nunca visto, la filtración por microfonía de una emisión futbolística que no se pudo sofocar. Ni fu ni fa, sí. Cuando salía Fortu le di una palmada en la espalda y le comenté: Vosotros a estos les dais mil vueltas. Y sonrió, claro.