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El saxofonista que seduce al gran público

El basauritarra Javi Alzola lleva más de dos décadas siendo uno de los pilares de Fito y Fitipaldis El músico publica este mismo mes un disco de jazz moderno junto al guitarrista Miguel Salvador Ander Goyoaga


Iturria: Deia
Eguna: 2015/01/08

Ander Goyoaga - Basauri

Comenzó tocando el saxo, “sin molestar demasiado a los vecinos”, en la plaza de Arizgoiti y hoy lo hace ante miles de personas en el BEC, el Palacio de los Deportes de Madrid o, en un par de meses, en aforos enormes de Buenos Aires o Montevideo. El basauritarra Javi Alzola es el único músico que continúa tocando junto a Fito desde que iniciase su andadura con los Fitipaldis y aporta un sello muy particular a sus temas. Durante este arranque de año aprovechará un pequeño parón en la gira para presentar un disco junto al guitarrista Miguel Salvador o disfrutar de la tranquilidad de la vida lejos de la furgoneta, los aviones y los grandes focos.

Desde el punto de vista musical, Javi Alzola vive en dos mundos. A nivel particular protagoniza proyectos jazzísticos de categoría, pero que por su cariz son casi siempre minoritarios. En el lado opuesto, su saxo es desde hace más de dos décadas un elemento central de la música de Fito y Fitipaldis, cuyo éxito en el Estado no tiene prácticamente parangón. Y él se siente muy cómodo en ambas facetas.

“En mis proyectos más propios me centró en el jazz. El disco que publicamos este mes sale como Miguel Salvador y Javi Alzola. Es un álbum de jazz moderno grabado en directo y, en mi opinión, muy fresco. Tocamos en salas pequeñas o festivales de jazz para un público minoritario y fiel. No obstante, el proyecto de Fito es muy especial porque nos permitimos el lujo de hacer mucha música, tocamos muchos solos y eso es muy satisfactorio para los músicos. Esa manera de trabajar te permite aportar”, explica.

En las palabras de Alzola hacia Fito Cabrales se percibe aprecio y admiración. El saxofonista basauritarra valora que el proyecto haya conseguido llegar a un público masivo con un proyecto musical elaborado. “Tiene mérito que haya llegado a miles de personas un proyecto así. Hay gente que me ha dicho que Fito y Fitipaldis culturiza al país porque hace llegar una música en la que se da protagonismo a los instrumentos, yo estoy bastante de acuerdo. Fito es al primero al que le gusta dar cancha a los músicos”, añade.

Este aprecio personal y profesional es mutuo. El músico bilbaino señalaba recientemente en una entrevista que si Alzola se marchase “debería disolver la banda”. “Es una parte muy importante, no solo por su amistad, es una de las partes que hace reconocibles a los Fitipaldis”, señalaba Fito. “Haber logrado ese sonido de banda es algo muy interesante y complicado”, indica Alzola.

Con la macrogira de Fito parada hasta abril, disfruta de este stand by visitando a la familia en Basauri o aprovechando para descansar en Gernika. Allí vive desde hace más de una década junto a su mujer y sus hijos, Ekain y Ager, de 18 y 11 años, aunque como músico se comenzó a forjar en Basauri. “Empecé de manera autodidacta. En mi casa se escuchaba mucha música y mi padre cantaba en la coral. Empecé con la flauta, la guitarra y luego el saxo, todo muy seguido, siendo un adolescente. Con 17 años ya tocaba con una banda en verbenas”, explica con una sonrisa.

Después vendría su formación en Bilbao, Madrid o París, algo que le ayudaría a forjar un currículum musical que impresiona. Alzola ha sido requerido por un amplísimo número de músicos, desde Richie Rosemberg (trombón de Springsteen) a Kepa Junkera pasando por Ariel Rot. Su participación en certámenes de jazz con diversas bandas le ha llevado a lograr numerosos reconocimientos y recorrer medio mundo, de Shanghai a Santiago de Chile. Un viaje que empezó a fraguarse en un piso de la torre más alta de Arizgoiti.