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«Código» es el delicado y sutil disco de jazz de Miguel Salvador Trío junto con Javier Alzola

Tercer disco para el bizkaitarra Miguel Salvador, quien con «Código» se muestra como un músico pausado, de digitación amable y melódica. Se acompaña de Javier Alzola al saxo, más sección de ritmo.


Iturria: Gara
Eguna: 2015/05/22

P.CABEZA|BILBO

Que a un disco le coloquen en la estantería de música ideal para trabajar concentrado o, acaso, en salones de odontólogos, siquiatras o abogados, puede tomarse como un álbum frívolo.. En realidad, estas referencias no son más que la derivada de un disco instrumental donde las distorsiones, las aceleraciones o la “distracción de las letras” no son posibles. «Codigo» (Errabal) es un trabajo de alta intensidad emocional que pasa agazapado entre nervios y tensiones, pero dejando burbujas de oxígeno cargadas de maestría, sosiego y espléndida sonoridad.

Salvador recorre el mástil con aplomo y dedos acolchados. Sonido endulzado con digitaciones levitantes, de pulso y búsqueda de una sonoridad envolvente. No se trata de ser el más rápido, sino de matizar y conquistar con composiciones brillantes y donde el cuarteto resuelve las situaciones con una maestría admirable.

Da igual donde dejes caer la aguja (si esto fuera un vinilo), que la propuesta será delicada. Así lo concibe y lo toca Miguel Salvador con su estilo cristalino, pero también matizado por el veterano Javier Alzola con su saxo, siempre sonando en blanco y negro, inspirado y de notas nocturnas, aunque el disco seduzca a cualquier hora del disco, en todos los espacios señalados y aquellos que se quieran apuntar al sonido del jazz con una premisa de encantamiento, sosiego, disciplina y brillo, que no aquello que “acompaña” es sinónimo de deslavado, de masa sonora de fondo.

“Código” no es música para aeropuertos ni ascensores, no, pero como metáfora, aunque trillada, sirve para los comunes. Salvador encanta serpientes, Alzola las adormece, la sección de ritmo las arropa y el oyente lo disfruta más vivo que nunca. De “Santuario 1” a “Código” va el mundo de Miguel, de la belleza a la delicada agitación. Y entre esos dos universos gira el seductor ambiente de las ocho composiciones de jazz actual de “Código”.

Miguel Salvador nace en 1967, es una tarde soleada de domingo. Crece en Trapagaran y vive desde hace ocho años en Portugalete, dos territorios sin muchas noticias jazzeras. «En Portugalete actualmente hay un festival de jazz en julio, muy bien organizado. Nos falta el de Trapagaran. Y mira que les he llamado veces, pero se resisten un poco. Ya sabes, no hay profeta en tu tierra», clama Salvador.

En cuanto al aprendizaje precisa que aprendió sobre todo de los músicos internacionales, de estudiar discos. «Lo que más me va es la evolución de la guitarra de jazz, la fusión no me gusta. Creo en Jim Hall, en Pat Metheny, en Joe Pas, que pueden ser ahora Kurt Rosenwinkel, Adam Rogers o Nir Felder. Creo que tienen el pasado y la las ideas en el futuro», precisa.

Sobre la grabación apunta que en inicio fueron desarrollos libres, pero que a la hora de la grabación las canciones estaban «estructuradas» y con un buen «guion».

Vive el jazz las 24 horas del día. Da clases de improvisación en la Eskola Musika de Getxo. Usa una Gibson 335 y una 175. Amplis Aer, Roland y Fender, que con talento dan “Código”.