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El emigrante gallego del blues


Iturria: Cadena SER
Eguna: 2014/03/29

Marcos Coll (Santiago, 1976) es uno de los armonicistas más respetados de Europa, un apasionado del blues que de adolescente sintió la llamada del Delta y que se ha pasado la vida buscando cruces de caminos, pactos con el diablo y la verdad de un género musical que califica de “perro” pero también de “gratificante”. Esa búsqueda le ha llevado a vivir en Madrid, Berlín y D.F, tres ciudades que han marcado la carrera de este músico inquieto, afable y aventurero que nunca ha tenido miedo a coger sus armónicas, sus camisetas de baloncesto y el siguiente avión. Así llegó a Madrid siendo un chaval y así se marchó a Alemania -unos años después- tras editar dos discos con Los Reyes del KO, la banda que compartió con su amigo Adrián Costa. En Berlín han pasado una década en la que se asentaron en la ciudad, aprendieron de los mejores y evolucionaron como músicos. Desde hace unos años el grupo está parado. Adrián acaba de regresar a Galicia después de vivir en Estados Unidos y Marcos ha formado un nuevo proyecto en Oaxaca con unos viejos amigos. Coll atiende nuestra llamada desde Puente Escondido (México), donde se cobija del invierno alemán y donde tiene su nueva banda, The Mighty Calacas. Su nueva aventura es una curiosa mezcla de blues con ritmos latinos que supone la última apuesta de este músico que a los veinte años compartía escenario con leyendas del blues y que desde hace casi diez años es embajador de Hohner, el prestigioso fabricante de armónicas. Marcos Coll repasa en Sofá Sonoro su carrera, su visión de la música o el estado de salud del blues creado en España.

Siendo un chaval te mudas a Madrid con la idea de dedicarte al blues, ¿cómo fue aquel paso?

Llegué en 1999 a Madrid y me quedé con Tonky de la Peña. Me fui a la aventura, tenía planes de tocar con Edu Manazas pero comenzó con Ñaco Goñi y se complicó la cosa. Yo hacía mis bolos e iba pagando mis cosas hasta que me llamó Tonky y gracias a él entré en el circuito español y gracias a él toqué con gente como Mick Taylor (Rolling Stones) o Buddy Miles. Yo tenía 22 años y no me mecería estar tocando con ellos. Estaba en el sitio justo en el momento adecuado. No me echaron así que no lo haría tan mal.

¿Cuáles fueron los primeros intérpretes de blues que te llamaron la atención?

Fueron tres. El primer disco que tuve de un armonicista era de Sonny Boy Williamson, John Mayall y el tema de ‘Room to move’ me marcó mucho también. Cuando empiezas a escuchar blues esa armónica es muy característica. Me lo puso la madre de una amiga y flipé. El tercero es Ñaco Goñi, que es el primero al que vi en directo y me marcó mucho. Luego fui adentrándome más en esa música y descubriendo más cosas.

Llegaste a Madrid con la idea de ser un bluesman. ¿Cómo llegas a la armónica?

Mi tío es músico y me enseñó él. De pequeño escuchaba de todo, mi abuelo era más de flamenco y mi madre y mis tíos eran más de los Stones y esas cosas. Con 11 años me gustaba el rock antiguo de Elvis o Chuck Berry y mi tío me enseñó que el blues era la raíz de todo y fui probando instrumentos hasta que di con la armónica y me enamoré.

¿Has vivido de la música desde que te fuiste de casa?

Sí, he hecho curros temporales, de pintor, haciendo mudanzas, manejando una grúa, pero cuando me llamaba Tonky lo mandaba todo a tomar por culo. Mi principal rollo era tocar, esa era la prioridad.

¿Cuántas armónicas tienes?

Un montón, llevo cosa de 7 años que me patrocina Hohner y puedo pedir de todo, en los viejos tiempos había cosas que no podía tocar. Tengo mucha suerte porque me cuidan mucho. Yo estaba con otra marca, llevaba un mes, estaba tocando un festival en Alemania y me vieron y me propusieron un acuerdo muy bueno. Tendré muchas armónicas, no sabría decirte.

Marcos Coll y Adrián Costa, Los Reyes del KO Marcos Coll y Adrián Costa, Los Reyes del KO

Tras estar unos años con Tonky, Adrián y tú montáis los Reyes del K.O en Madrid, sacáis un par de discos y emigráis a Alemania…

Nos salieron unos festivales en Alemania, aquí habíamos hecho de todo, empezábamos a repetirnos, que nos encanta, pero nos apetecía conocer a otros músicos. Eso es lo que nos hizo irnos. Así es como se aprende. Aquí hay muchos afroamericanos y hay muy buen nivel. Nos salió un festival y pensamos que si les gustó el disco les gustaría más el directo y que tendríamos trabajo seguro.

¿Os costó mucho adaptaros y haceros un hueco?

La verdad es que no. Es una ciudad muy internacional. Yo tardé 6 años en aprender alemán. Llegamos con los festivales de verano y cuando se acabaron no teníamos nada. Aquí se programa con mucha antelación, los clubes buenos e importantes pueden llegar a cerrar su programación con un año de antelación. Los primeros meses no teníamos nada y solamente tocábamos en el metro y en la calle pero enseguida nos salieron cosas, a los dos o tres meses teníamos curro. Nos pilló un mítico pianista y productor de aquí que nos ayudó mucho a entrar en el circuito.

Os llegaron a dar un premio

En 2005 nos dieron el premio de blues y jazz de Berlín. No era dinero, el blues no es de ricos, pero nos podían haber pagado una grabación aunque la verdad es que salimos en las revistas, los clubes te conocen y te van saliendo más cosillas.

Allí en Berlín pasasteis de hacer versiones, a escribir vuestros propios temas para luego terminar abriendo la puerta a ritmos más latinos. ¿A qué se debió?

Empezamos a entender más lo que era el blues a base de trabajar con más negros. El blues es una música negra y los demás somos intérpretes. Cuando entiendes eso consigues su respeto y cuando tienes claro que es su música entiendes que tienes que ponerle tu rollo y empiezas a buscar tus raíces. A nosotros siempre nos ha gustado todo tipo de música. Cuando eres adolescente estás más pillado con el blues pero siempre hemos escuchado de todo. El blues fue a base de meter cosas, metieron ritmos latinos y apareció la rumba blues. Eso se ve en Nueva Orleans donde confluyeron diferentes estilos. Tocar como en Chicago es absurdo porque allí ya no se toca como Muddy Waters, todo evoluciona. Cuando tenía 17 años quería ser un bluesman, hacer un pacto en un cruce de caminos con el diablo. Hay mucho romanticismo pero el blues es una música perra nada agradable, es música chunga de músicos jodidos pero a la vez tiene esperanza. Es eso de "mal de muchos, consuelo de tontos". El blues es compartir tristeza y eso alivia. Es un poco ese rollo, te junta con el resto de la gente y sus sentimientos y te hace ver que somos todos iguales y que cada uno tiene sus problemas.

Hace un par de años sorprendes a todos con un nuevo grupo. ¿Cómo surgen los Mighty Calacas?

El guitarrista Emiliano Juárez estuvo unos años tocando con Los Reyes del KO y es como un hermano. En 2006 nos trajo a México a tocar por primera vez y empezamos a venir todos los años. En 2012 de tanto venir empecé a escuchar música de aquí, cumbia, rancheras… son melodías que tienes en la cabeza, que se parecen a lo que se escucha en las romerías de Galicia. Esa música me estaba tirando y cuando surgió la oportunidad de montar algo con los músicos adecuados pues tiré para adelante. La cosa está funcionando, en Europa funciona bien porque es exótico y también nos llaman de festivales de blues porque el fondo es blusero aunque suene una cumbia. Lo único es que sin un padrino hay que ir poco a poco, bolo a bolo, y mover a Europa a tres músicos que vienen de México es complicado y cada día libre sin tocar resta. Yo duermo en cualquier lado pero tiene que compensar, volver con algo de dinero o hacer un bolo al que vaya mucha gente. Es complicado y caro cruzar el Atlántico pero hemos hecho bastantes cosas por Europa.

La banda mexicana The Mighty Calacas La banda mexicana The Mighty Calacas

También estuviste en África

Fui a tocar al Festival de Kinsasa y me quedé 20 días por allí. Fui con la banda de blues que tengo ahora en Berlín y a acompañar a una cantante de Chicago. No voy a tener nada igualable a ese bolo, fue ir al corazón de la música.

¿Se notan las raíces africanas?

Allí la música es otra movida, es como reír, llorar, hay bandas que no se dejan fotografiar. Allí no quieren ser famosos o grabar discos. Ellos tocan, solamente quieren tocar. La música está presente en todo. Es otro mundo. Es como la NBA de la música o todavía más. Hemos visto de todo en la música y tocado con gente importante y viendo a los músicos de allí tocar, en el festival o en bares, nos dimos cuenta de que no nos podemos comparar. Es otra liga, otra forma diferente de entender la música.

En México también hay mucha pasión en la música…

Y que lo digas. Hay mucha pasión. Tengo muchos colegas aquí y me encanta estar en México, su forma de ser. Aquí doy una masterclass de armónica y me vienen cien personas de todas las edades y todos encantados con el blues. Eso no lo ves en casi ningún sitio.

Ahora vas a dar un curso online de armónica

Sí, empezará en cosa de un mes. Se llama Harp and Soul y es con vídeos y partituras para poder aprender desde casa

A España vienes a menudo también, cómo ves la escena de blues respecto a cuando vivías aquí…

La veo mucho mejor. La escena de blues de Madrid es muy buena. Falta lo que ha faltado siempre que son los negros, que son los que te enseñan a tocar. Aquí hemos aprendido todos de Tonky y Ñaco, que aprendieron de los discos de blues. En Alemania se aprende directamente de gente muy grande, leyendas, y eso es una ventaja. Los alemanes son técnicos pero fríos y en España hay algo especial. En el mundo no hay una escena tan joven de blues como en España, cuando traigo a músicos extranjeros a tocar en Madrid, en la Coquette, alucinan. Por el mundo el público tiene más de cuarenta años y en España hay ambientazo y gente de veinte. Tiene mucha vida el blues en España, tiene ese toque golfo que en otros lugares se ha perdido. En México también hay eso. En Alemania el blues parece ya como el jazz, se ha perdido la golfería.

¿Y el nivel de músicos cómo lo ves?

El nivel está muy bien, hay muchos músicos tocando con gente de Chicago o tocando en el extranjero. Pasa que han faltado afroamericanos, eso hubiera elevado el nivel más. El idioma es otro problema. A veces se malinterpretan cosas del blues, a nosotros nos pasó cuando llegamos a Alemania. Hay que saber lo que dice la letra. Las canciones van más allá y eso falta un poco en España. Me gusta Fede que lo hace en español y se le entiende. En el blues es importante la voz, la comunicación, la interacción con el público. En España el blues lento no gusta mucho y fuera es el que más gusta porque la gente entiende la letra, baila, se agarra, interacciona.

¿Volver a España te lo planteas?

Me tocará. Por temas familiares tendré que volver en unos diez años. Al final me tocará. Llevo diez años en Berlín, tengo novia alemana y al final todo se pega, pero tocará volver a España algún día.