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El segundo concierto del Jon Urrutia & Juan Saiz Cuarteto

El pianista vizcaíno y el saxofonista y flautista santanderino colideraron en el Conservatorio Sarriko un encuentro oscilante con momentos fascinantes y postrimerías más relajadas


Iturria: El Correo
Eguna: 2020/12/13

OSCAR CUBILLO

La pandemia frustró hace meses en la capital cántabra el anunciado primer concierto del Jon Urrutia & Juan Saiz Cuarteto Santander-Bilbao, proyecto financiado por la Fundación Santander Creativa y del Área de Cultura del Ayuntamiento de Bilbao. Pero por fin durante estos días el combo anda cumpliendo su primera minigira: dos fechas en Bilbao (el viernes en La Calde y el sábado lo que les contamos aquí, en el Conservatorio Sarriko pero al margen del programa del club de jazz que se celebra los sábados a la misma hora sobre el mismo escenario), y este martes en el Palacio de Festivales de Cantabria.

Colideran el cuarteto, pues ambos componen el repertorio, el pianista Jon Urrutia (Gorliz, 1975; ahora trabaja de profesor en el Conservatorio Superior de Málaga, donde vive) y el saxofonista y flautista Juan Saiz (Santander, 86; él informó que era su segundo concierto). Y les escoltan el percusionista getxotarra Borja Barrueta y el contrabajista francés Eric Surmenian, a los que Saiz calificó como monstruos al presentarlos. Y luego aclaró Urrutia: «Dos magníficos músicos y mejores personas; antes Juan los ha llamado monstruos, pero no por lo feos que son, sino por lo bien que tocan». Ejem…

Jon Urrutia, totalmente recuperado de la parálisis nerviosa.

Jon Urrutia, totalmente recuperado de la parálisis nerviosa. / CARLOS Gª AZPIAZU

El sábado sólo unas 55 almas (no acudió casi ningún habitual del Bilbaína Jazz Club aunque sí estuvo el cantante Santiago Delgado, quien nos contó que está esperando a que le manden desde Chequia un vinilo con cuatro villancicos de su grupo Los Runaway Lovers), eso, sólo unas 55 personas presenciaron el concierto de 8 piezas en 82 minutos con muchos momentos magníficos. Así a botepronto se nos ocurren los solos magistrales de Jon Urrutia (ya está perfectamente recuperado de su grave y temible problema de salud, de esa parálisis nerviosa que sufrió en enero), la labor con la flauta de Juan Saiz, la introducción al contrabajo de Surmenian en la que grabando con loops pareció llegar a tocar tres instrumentos a la vez, y el último solo percusionista de Barrueta, que pareció un paisaje submarino (hummmm, los dos primeros solos le pillaron más a contrapié y se le notó).

La cita resultó estupenda y satisfactoria, aunque el Jon Urrutia & Juan Saiz Cuarteto Santander-Bilbao debió haber ordenado mejor el listado, pues el bolo cursó decreciente en intensidad: la última pieza antes del bis, 'Belacos', brotó bucólica, misteriosa y hasta tétrica a lo Tim Barton pues se trato de una luenga una sucesión de ruiditos selváticos y de pajaritos (aunque su final coltraniano impresionó por su poderío), y el propio bis, 'Hope / Esperanza', sonó más convencional (la señora de delante comentó que le evocó al 'Olentzero' y al que suscribe le pareció el 'Puente sobre aguas turbulentas' de Simon & Garfunkel; «es que queríamos terminar con una 'prayer', una oración», nos explicó después del concierto el pianista, su autor).

Jon Saiz sopló flauta, saxo soprano y saxo tenor.

Jon Saiz sopló flauta, saxo soprano y saxo tenor. / CARLOS Gª AZPIAZU

El repertorio, oscilante en tempos y ambientes, fue fascinante y magnífico. La banda estuvo bastante bien integrada empero sus escasos ensayos por Zoom (por el ordenador, digamos) y abrió a tope de brillo y de volumen saltando de la vanguardia romántica (si eso existe) hasta el free jazz del saxo en el arriesgado y hasta ostentoso tema 'La nueva subnormalidad' (con perdón). Se notó que los cuatro saben manejar la clásica al interpretar 'Aurora', el tercer instrumento que sopló Saiz fue el saxo soprano en el intenso y circular 'La trottinette' (o sea 'El patinete', que se note que Urrutia ha vivido durante años en París, un Urrutia que coló aquí un solo de piano como los que se gasta Marco Mezquida a la hora de robar protagonismo a sus compañeros), y otro tema en espiral urbana y en el que por segunda vez planeó el espíritu de las bandas sonoras de Alfred Hitchcock fue el sexto, 'El grito' (firmado por Saiz, que incluso sopló el tenor en plan honker). Y tras semejante especie de jazz rock, colaron los dos mentados títulos postreros, más tranquilos, que apaciguaron todos los ánimos.