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Le canto al amor, como todo el mundo

Multiinstrumentista profesional y cosmopolita especializada en música antigua, la guipuzcoana estrena en el festival Loraldia su primer disco en solitario, tercero contando los que editó con el grupo holandés Neighbor


Iturria: El Correo
Eguna: 2019/03/27

OSCAR CUBILLO

Maite Larburu se tiró tres lustros en Ámsterdam, estudiando música antigua y trabajando de ello. Además le dio tiempo a formar el grupo Neighbor mano a mano con un 'vecino' (de ahí el bautismo del proyecto), el estadounidense Josh Cheatham, también especialista en música antigua y además experto en viola da gamba. Más recomendable es el segundo álbum de esa aventura, 'Hau' (Gaztelupeko Hotsak, 2016), donde la voz políglota (inglés, euskera y castellano) de ella remite a PJ Harvey, Anari o Mursego.

Ahora Maite ha regresado a Euskadi, a Hernani. Por ello, debido a la separación geográfica, Neighbor ha interrumpido su actividad. Sin embargo, había canciones preparadas para un tercer disco y ella las ha aprovechado para grabarlas en el que es su debut en solitario, 'Hezurren azpian' (Gaztelupeko Hotsak), donde canta ya solo en euskera y toca el violín, la guitarra eléctrica, la clásica y el xilófono.

Como le planteamos a la autora, 'Hezurren azpian' es un disco muy personal que suena a folk, a étnica por global, a clásica por formación, a pop por transversal y a indie por frágil o etéreo, a cantautor euskaldun no sólo por el idioma, a psicodelia por ambiental y quizá hasta vanguardista por inusual.

Lo estrenará en directo este jueves (Alhóndiga, 19.30 h, 10 €), en el quinto festival Loraldia, dedicado a la cultura en euskera y desperdigado por 12 recintos bilbaínos a lo largo de 22 días. Maite Larburu actuará en cuarteto: ella a la voz, violín, guitarra, etc., su pareja el valenciano Carlos Toroncher al clarinete bajo, más dos percusionistas, Aida Torres (de Lisabö y Jupiter Jon) y el polifacético Beñat Iturrioz (Koyotito Mamita Tekila Kaktus).

- Maite, después de mucho tiempo viviendo fuera has vuelto a Euskadi, ¿no?

- Pues estoy en Hernani ahora mismo, que es el pueblo que me vio nacer. El que abandoné porque ingresé en el conservatorio de Ámsterdam. Hasta ahora mi hogar se encontraba en Ámsterdam, pero después de 15 años, más o menos, he vuelto al País Vasco. Allí cursé estudios de violín clásico y realicé un master en la especialización de música antigua, que es a lo que me he dedicado durante la última década. Vivo de colaborar con orquestas y grupos de música de cámara de Centroeuropa.

- Sí, porque eres profesional de la música.

- Colaboro con muchas orquestas y grupos más pequeños: belgas, holandeses, franceses... Me contratan como 'freelance'. Como en realidad cada proyecto en el que participo sucede en un lugar diferente, en Helsinki, Berlín, París, Ámsterdam o donde sea, pues da bastante igual dónde viva. Aunque Ámsterdam está más cerca del meollo. Ahora, desde Hernani, me toca viajar más horas, como es evidente.

- En Holanda montaste el grupo Neighbor. Con un partenaire extranjero, un americano, ¿no? Y cantabas en euskera.

- Con Neighbor me estrené en mi faceta de cantautora y las canciones eran en euskera e inglés, y un poco en castellano. Josh Cheatham, de Seattle, fue mi vecino en el mismo barrio de Ámsterdam, además de ser también un colega de trabajo del circuito de música antigua. Él toca la viola de gamba y el contrabajo, pero también la guitarra, y como yo me inventaba canciones comenzamos un intercambio musical más personal, sin dejar de lado lo clásico. Hicimos dos discos, 'Ura patrikan' (2013) y 'Hau' (2016), que se editaron en el País Vasco de la mano de Gaztelupeko Hotsak.

- ¿Era Neighbor el típico grupo de una pareja sentimental que se disuelve cuando los enamorados se separan? Igual estoy dejando volar demasiado la imaginación, ¿eh?

Neighbor no se ha disuelto. Está en 'pause'. O en transformación. Ya no somos vecinos físicos: ni él ni yo vivimos en nuestro viejo barrio de Ámsterdam. Ya no nos vemos tanto como antes. ¡Es una pena porque nos echamos de menos! Y sí, mucha gente ha pensado que éramos pareja, pero mira tú por dónde, no lo hemos sido nunca. Nos queremos un montón, pero mucho mucho. Será que eso confunde al personal. Sobre todo, tenemos una conexión musical muy fuerte.

- ¿Y cómo te has animado a lanzarte en solitario?

- Este 'Hezurren azpian' iba para tercer disco de Neighbor, pero decidí publicarlo bajo el nombre de Maite Larburu para aprender a ser menos dependiente y ver hasta dónde podía llegar musicalmente yo sola. Y pensé que el llamarlo como yo me llamo facilitaría la colaboración con otros músicos, ¡incluido Josh! Pensé que en solitario podría abrir el 'neighborhood', el vecindario, a más gente. Y como ya te he dicho, es un disco de vuelta al País Vasco.

- Ya. ¿Cuántos idiomas hablas?

- Medianamente bien, el euskera, castellano, inglés, holandés y francés. Medio mal, el italiano. Muy mal, el japonés.

- ¿Y por qué has elegido el euskera para cantar en este tercer álbum?

- En los anteriores discos yo cantaba por dos y el Josh hablaba inglés. En este 'Hezurren azpian' voy sola, y vengo de vuelta a Euskal Herria, y algunas de las letras son de Harkaitz Cano, el gran maestro de la palabra. Me ha salido todo en euskera, pero en ninguno de los casos ha sido algo premeditado.

Maite Larburu también canta sobre maletas y ríos.

Maite Larburu también canta sobre maletas y ríos. / NAGORE LEGARRETA

- ¿De qué van las letras de tu debut en solitario, 'Hezurren azpian'?

- De distancias, maletas, faldas, perros verdes, corazones con extrasístole y ríos. Y sobre todo tratan de lo que hay debajo de los huesos, que todo lo disuelve y lo convierte en silencio y en nada. Pero ya sabes, esto que te acabo de decir es un blablabla. Yo le canto al amor, como todo el mundo.

- ¿Es un trabajo más cerebral o sentimental? Lo pregunto por su elaboración musical, por su composición.

- Tiene de los dos. Y me fastidia mucho porque lo que quiero y busco siempre es dejar de pensar y que el gusano comecocos que tengo en la cabeza corte el rollo. Pero al final hay que hacer y hacer, corregir, corregir y corregir, trabajar y trabajar para que ese rayito de luz inexplicable que un día te entró bajo los huesos se convierta en algo pasable, en una canción. O en unas cuantas.

- Es un disco muy personal. Suena a folk, a étnica por global, a clásica por formación, a pop por transversal y a indie por frágil o etéreo, a cantautor euskaldun no solo por el idioma, a psicodelia por ambiental y quizá hasta vanguardista por inusual. Pero seguro que no piensas en etiquetas ni en estilos al componer.

- De acuerdo con todo. A mí me gusta ser creativa. Dejar de pensar y dejar que salga lo que salga. Las etiquetas no me interesan en absoluto. Pero de alguna forma me gustan mucho las que me has puesto. De las etiquetas que me han colocado estas son las que menos dolor de estómago me han causado.

- Ya, porque son muy generalistas. ¿Qué vas a pensar cuando veas este disco, 'Hezurren azpian', en bastantes listas de lo mejor del año 2019?

- Pensar es un insoportable reflejo del cerebro.

- ¿Cómo será el concierto del Loraldia? En cuarteto: tú como multiinstrumentista, un clarinete bajo y dos percusionistas.

- Será diferente, porque es una formación imposible. Hay un clarinete bajo y aquí te confieso que no solo es uno de mis instrumentos preferidos, es que además lo toca el señor que ha compartido vida conmigo desde hace 16 años (el valenciano Carlos Toroncher). También hay dos percusionistas que tocan latas de galletas, botes de chupa chups, cazuelas para hacer chorizos, sartenes y demás. Con mis guitarras, violín y voz, ¡esto va a ser una bomba! Madre mía, ¡qué loca estoy! ¡Ja, ja, ja, ja, ja!

- No lo usaremos de titular, ja, ja, ja…

- En el concierto habrá de todo porque a veces tocaré completamente sola, a ratos con Carlos, y a ratos todos juntos. Eso será el reino de lo ecléctico. Eso es lo que se extenderá hacia todos los lados del recinto.