Trayectoria
Los chicos de la ciudad.
Siempre con la sombra de querer encajar su proyecto musical en un rock vasco que se encuentra reticente a propuestas que se salen de lo ya perfilado, Split 77 tienen ya su esperado disco en la calle. Han sacado adelante su música, la música que a ellos les gusta tocar y escuchar. Nos situamos casi en el año 96, en un acogedor local ubicado bajo la iglesia de San Felicísimo, en Deusto, Bilbao. Aritz, Natxo, Ekaitz e Iskandar comienzan a montar un grupo que propone una propuesta musical actual, acorde con los tiempos en que vivimos, mostrando el ritmo de la ciudad y cantando en euskera. Una propuesta llena de sensibilidad hacia unas corrientes, ya sean musicales, ideológicas, sociales, ... ; y teniendo claro lo que es tener actitud, no solo en la música sino en la vida. La satisfacción de haber hecho un disco como han querido, sin pensar en factores negativos. Y ahí reside el máximo valor de “Antenna”, que al oírlo a uno se le hace extraño escuchar a Split 77 cantando en euskera, dado que su sonoridad tranquilamente podía salir de Londres, Manchester o New York entre otras urbes. Y creo que, como pocos, han conseguido desprenderse de un sonido característico de otras bandas de Euskal Herria.
Tras el gran interés creado en Jose Lastra –reputado técnico de sonido de los estudios Tío Pete de Urduliz- surge la posibilidad de realizar una producción, fruto de tal colaboración es “Antenna”. Un receptor y a la vez emisor de sonidos, de música, de canciones, ... básicamente... de emociones. Junto a la música, también podemos encontrar un amplio libreto interior construido por el artista bilbaíno Igor Zorrotzua, el cual ha sabido plasmar a la perfección mediante fotografías e imágenes lo que trasmiten las canciones. El oyente podrá investigar, averiguar y dejar volar su imaginación en cada ilustración. Sin duda, toda una declaración de intenciones. Split 77 ya marcan una tendencia clara en su música, con letras bien construidas y a su vez arriesgadas, poseen estribillos que se diluyen entre guitarras y sonoridades de diversa índole. Cada canción muestra una historia que tranquilamente la podíamos haber vivido cada uno de nosotros, alegando de forma metafórica todo tipo de emociones. El deambular de guitarras y distorsiones acompañan a esas letras para generar una atmósfera especial, dominando los crescendo a la perfección. Muy pocos grupos en Euskal Herria tienen la facilidad de dibujar mundos sonoros como lo hacen estos chicos de Bilbao, logrando plasmar la sonoridad, la música que podría tener un Bilbao joven, moderno y urbanita.
Es un disco influenciado por la juventud, la post adolescencia y un mundo de contradicciones que se van encontrando en esta vida. Las historias de la noche, las miradas furtivas, la soledad, el amor problemático y confuso, la muerte, la eternidad, los deseos y los sueños... . Es un disco puro, de claro gusto pop en su fondo, y desnudo; pero con un corazón desgarrador. Un sonido vibrante, tan pronto pausado como de repente rockero. La mezcla de melodías con la distorsión encuentra aquí su máxima expresión. Y las referencias, pues pueden ser muchas, a mí me vienen grupos como la Velvet Underground por su concepto arty, David Bowie o hasta Radiohead, pasando por el romanticismo de Joy Division, la elegancia orgánica de unos Kraftwerk, la contundencia del rock americano de Smashing Pumpkins o la electrónica de New Order. Muchos podrían ser los referentes, pero básicamente, canciones impregnadas de emoción y sentimiento. Algo difícil de lograr, desgraciadamente, en unos tiempos poco propicios para el romanticismo. Como muchas veces suelo pensar “si sientes lo que haces todo tendrá sentido”.
Gotzon Uribe.

