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Soy un vasco exótico


El músico guipuzcoano Rogelio Botanz, afincado en Canarias, regresa con Vuelos un trabajo intimista en el que colabora, entre otros, Kepa Junkera ARTURO GARCÍA/

BILBAO. DV. Se considera a sí mismo como *un vasco exótico*. El músico guipuzcoano afincado en Canarias Rogelio Botanz (Legazpia, 1956) regresa a los escenarios con Vuelos (Gaztelupeko Hotsak), su cuarto trabajo en solitario desde que en 1998 decidiera volar por libre tras la disolución del Taller Canario, la formación que compartió con Pedro Guerra. Vuelos muestra a un Rogelio Botanz más intimista volcado en su propio universo personal, alejado de su faceta más abierta al influjo literario externo, como en su anterior entrega, el disco monográfico dedicado al dramaturgo Alfonso Sastre, o Tiempo, el inmediato antecedente de estos Vuelos. *La diferencia con el disco de Sastre y Tiempo es que allí estaba abierto a cosas importantes que pasan fuera de uno. Lo mío, lo personal, íntimo, de mi entorno más inmediato, no estaban ahí, no cabían. Este disco es más el Botanz personal, no digo autobiográfico, sino lo personal visto de otra manera*.

En Vuelos, con ese diseño itinerante, de vida de aeropuerto en aeropuerto, se respira un aire casero que el artista ha buscado en todo momento: el diseño del disco ha corrido a cargo de la propia hija del artista, ha sido grabado en el estudio que tiene acondicionado en su propia casa, el que fuera local de ensayo del Taller. «Nos liamos la manta a la cabeza: un estudio profesional doméstico. Para mí, este disco, grabado en casa, me hace sentir que hoy soy el sello discográfico más poderoso del mundo: terminaba y sólo tenía que subir unas escaleras para dormir en casa».

Si algo no olvida nunca Botanz son sus orígenes, sus 21 años en Legazpia, presentes en este disco en textos autobiográficos, como el dedicado a su padre, pulidor de guadañas en la fábrica de Patricio Echeverria en la localidad del Alto Urola. «En este disco aparecen tres canciones en euskera, que espero que para un canario no sean demasiadas y para un vasco no se le antojen pocas», bromea.

Con ese espíritu cercano, Botanz ha contado con la colaboración de músicos ilustres tanto euskaldunes como canarios, como el trikitilari Kepa Junkera, el violinista Harkaitz Miner, el guitarrista, Koldo Lizarralde o el timple de José Antonio Ramos. «Soy bastante fiel, en músicos me enamoro para siempre, cada fin de semana teníamos un invitado y trabajábamos con él. Mis hijos cada vez que entraba un euskaldun en casa, porque con los invitados sólo hablaba en euskera, para ellos era algo como mágico».

No le preocupa a Botanz la vorágine que vive hoy la industria musical. «Yo soy un optimista radical, creo que el hombre tiene una cierta viabilidad si no acaba con el planeta. Siempre habrá cabida para la comunicación musical. Tengo la certeza de que eso va a seguir siendo así. Yo hoy me veo con la misma ilusión que cuando empecé. No sé cual es la actualidad: conozco el ámbito del ciudadano creador, que es lo que me siento, que se piensa lo que vive, pero también soy consciente de que existe el mercado, con una lógica que creo que no tiene nada que ver conmigo y tengo la suerte de trabajar rodeado de amigos que también lo entienden así, como Gaztelupeko».

LOS DATOS

Autor: Rogelio Botanz (Legazpia, 1956).
Nuevo disco: Vuelos (2007).
Sello: Gaztelupeko Hotsak.
Colaboraciones: Kepa Junkera, Harkaitz Miner, José Antonio Ramos, entre otros.
Discografía: Fue miembro fundador del grupo Taller Canario junto a Pedro Guerra en 1985. En solitario ha publicado Tic-tac (98),Tiempo (01) y Rogelio Botanz canta a Alfonso Sastre (04).