Usted está aquí: Inicio Artistas Gainsbourg Gainbegiratuz Hemeroteca Demasiado respeto

Demasiado respeto


MÚSICA | GAINSBOURG GAINBEGIRATUZ

ARTURO GARCÍA DV 2008-05-08

Hubo demasiado respeto hacia el homenajeado teniendo en cuenta los antecedentes de Gainsbourg, uno de los más fascinantes sátrapas y sátiros que ha dado la canción de autor. Su sombra fue alargada. Quizás demasiado. No hubiera venido nada mal algo más de irreverencia.
No obstante, hay que celebrar el atrevimiento de esta cuadrilla de músicos vascos comandados por Juankar Landa, alma del proyecto, que se han tirado a la piscina sin que les duelan prendas a la hora de llevar al euskera el peculiar universo de este cantante dueño de un magnetismo a prueba de estereotipos. Por si no era bastante reto, las proyecciones omnipresentes del artista confirmaron ese estatus.
Estuvieron casi todos sobre el Victoria Eugenia, salvo Gari, Vasallo y Rafa Berrio, los dos últimos, presentes en el teatro, sentados entre el público. Este tipo de conciertos son un arma de doble filo. Resulta complicado hilvanar y dar sentido unívoco a las interpretaciones, que se fueron sucediendo sobre el escenario sin mayores sobresaltos ni salidas de guión. Se puede decir, pese a todo, que en todas hubo algún detalle o destello que terminaba de iluminar la pieza interpretada, bien fuera en clave de rock electrificado, baladas, visiones urbanas vía Lou Reed, reggae o cuasi bossa nova.
Se notó cierta inclinación hacia arreglos asentados en el rock clásico y los duetos a dos voces masculina y femenina no terminaron de despegar, tan correctos que resultaba chocante ver detrás en la pantalla a Gainsbourg comiendole la oreja a Jane Birkin convertidos en pura sensualidad mientras que los cantantes se aplicaban a la estrofa, aunque resulta encomiable su capacidad para luchar contra el mito y atreverse a entrar en piezas tan machacadas como Je t'aime moi non plus sin hacerlas chirriar y dejándolas vivas.
El repertorio seleccionado no se detiene mucho en la parte más canalla del artista pero es un formidable acercamiento a la figura del cantante galo desde estos músicos que demuestran que en la capital guipuzcoana sobreviven una serie de artistas que se toman la profesión tan en serio como el que más.
Juankar Landa fue el hilo conductor del concierto, que contó con intervenciones estelares de Javier Sun a la armónica. Fue una especie de El último vals a la france sa, a escala donostiarra.
El concierto fue de la veta Neil Young de Giorgio Basmatti, a la esencia del ausente Gari vía Mingo, el toque Reed de Santi Gasca, el carisma intachable de Txuma Murugarren y el pop sutil marca de la casa de Mikel Aguirre y Amaia Intxausti, que se atreven con todo.
La banda mantuvo el tipo al servicio de la estructura del concierto, planificado con elegancia y a un paso de caer en la frialdad que impone un recinto como el Victoria Eugenia. Los músicos atravesaron el mundo de Gainsbourg con actitud reverencial.
Lo cierto es que un proyecto como éste, si se llevara a cabo en los madriles quedaría como una de las iniciativas del año. Aquí, sin embargo, fluye entre la consideración, el respeto que merece y la discreción. Como no se podía fumar en el local, el humo corrió a cargo del propio Gainsbourg.