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Txuma y el reverso de la música

El músico guipuzcoano acaba de grabar disco, "B aldeko kantuak", que verá la luz después de verano


Iturria: Deia
Eguna: 2010/04/18

Ander Egiluz Beramendi - Domingo, 18 de Abril de 2010 -

Txuma Murugarren busca que el resto de la banda enriquezca las composiciones en las que plasma sus sentimientos más sinceros. (Foto:Jose Mari Martínez)

 

Mungia

Los estudios Lamiña Producciones son como una metáfora de lo que representa Txuma Murugarren (Orereta, Gipuzkoa, 1964): se encuentran en las afueras de Mungia, en una zona industrial en la que el movimiento de camiones y furgonetas y los tamaños desmedidos impiden a la imaginación evocar el menor atisbo de creatividad. Menos aún esa creatividad minimalista que caracteriza a la música de Txuma. Pero ahí están, en los aledaños de la urbe, donde no hay que maquillar lo que uno es: "Soy libre para hacer lo que quiero, porque no hay grandes expectativas sobre mi trabajo, no tengo presión". La humildad y naturalidad de este músico se reflejan en sus grabaciones, en las que "la improvisación es casi absoluta", en palabras de Natxo Beltran, batería de la banda desde hace siete años.

Entre fábricas y naves industriales, la entrada del estudio choca por su sobriedad: paredes cubiertas de madera y piedra oscura y luces tenues. Pero el buen rollo que se respira entre los músicos arroja buena luz sobre la mesa de mezclas en la que se afana José Lastra, técnico de sonido de larga trayectoria y renombre (Pi L.T., Zea Mays...). "Estamos grabando en Lamiña porque quería trabajar con José, no por otra cosa", afirma Murugarren.

La concentración de Lastra, en un momento, contrasta con las risotadas que llegan desde los sofás, colocados detrás de la mesa de mezclas. Cada cual trabaja a su ritmo y a su modo, pero con un orden en el que, al menos, ellos se encuentran a gusto. Si a la primera toma están contentos con el sonido, así se queda; que les apetece, por si acaso, grabar una segunda vez: avanti. "De todas formas tampoco te compliques demasiado", le comenta Beltran a Asier Ituarte, trombonista en este nuevo disco. "Hemos grabado todo sin claqueta".

Ayer mismo terminó el proceso de grabación y post-producción del disco: "Ha sido un proceso mucho más rápido que con el anterior disco, con el que estuvimos dos meses en el estudio con Xanpe, que es amigo. Pero eso es para ir sin nada preparado y ver qué sale, esta vez quería hacer las cosas más ligeritas", explica Txuma.

David González, bajista de Berri Txarrak, aparece de forma inesperada en el estudio: "¿Pero tú no andabas por las Américas?", le pregunta Txuma mientras le da un abrazo. "Ya he vuelto y me he enterado de que andabais por aquí y me he pasado", responde el también co-fundador de Cobra. Los músicos y técnicos forman una gran familia; si no se conocen siempre tienen un amigo en común.

La cara B de la cara B. Si Txuma Murugarren fuese actor nunca sería el protagonista; no sería un Robert de Niro, sería más bien como Joe Viterelli: el típico guardaespaldas en las películas sobre la mafia. Nunca en primera línea pero siempre ahí, impecable. Y si le quitaran faltaría algo. Joe Viterelli y Txuma Murugarren son indispensables. Y en esos aledaños de lo que está de moda, en ese reverso del comercio musical, Txuma, ha rizado el rizo y ha grabado B aldeko kantuak (Canciones de la cara B). Es la cara B de la cara B, un músico de culto. "El ser cantante de culto tiene su rollo bonito, porque me suena a cercanía con el público pero no sirve para salir de la pobreza, ¡jaja! Aunque, bueno, con el título del disco, antes de empezar ya te imaginas por donde irán los tiros", dice Murugarren.

"Los temas nuevos son de sota, caballo, rey", explica Natxo. "Estilísticamente hablando en el nuevo disco hay de todo, hay incluso algunos cortes que podrían ser ska". Miguel Ramírez, también ex-miembro de Sasoi Ilunak, se encarga de las guitarras eléctricas junto con Rafa Rueda: "El disco anterior, Marjinalia, tenía un sonido muy natural pero este suena incluso más crudo", explica. "Pinta bastante bien el trabajo, a ver al final cómo termina", dice bromeando. La sección de cuerdas "es bastante parecida a cómo sonaba en Marjinalia", agrega el también miembro de Jazz at five y Vembruné, "pero hay mas sección de viento". También sonarán instrumentos nuevos para un disco de Txuma Murugarren: "Ekaitz (Hernández, bajista) ha traído hasta un banjo que creo que al final lo ha usado Rafa (Rueda)".

B aldeko kantuak contará con once cortes, algo que Txuma tiene claro por qué: "Tengo diecisiete temas preparados pero hoy en día un disco tan largo no tiene sentido", dice. "Además es un coñazo y conlleva más dificultades técnicas". Diecisiete temas tenía su debut discográfico en solitario, Nire leihoak, "pero no volvería a hacer algo así".

El lado estilístico y el resultado final del álbum también influyen en esta decisión: "Es una pena meter canciones que no encuentren su sitio en el disco, porque se pierden". Y no es la primera vez que Txuma habla sobre esas "canciones huérfanas" que por no terminar fuera de lugar acaban en un cajón, olvidadas. "Muchas veces he pensado en editar un disco con esos temas que no han entrado en ningún disco... ahora tengo seis más", dice mientras ríe.

También gusta Txuma de recuperar material ya publicado. En más de una ocasión ha cantado textos de poetas que ha sentido "como propios". "Hay veces que leo poemas y tengo la sensación de que son míos. Creo que Joseba Sarrionandia explicó ese mismo sentimiento en el libro Izkiriaturik aurkitu ditudan ene poemak (Poemas míos que me he encontrado escritos)". Pero el de Orereta no solo recupera textos ajenos, también desempolva, de vez en cuando, canciones propias: "En este disco estará también Bizitza garratza da, del último disco de Sasoi Ilunak", adelanta el artista.

Viva la improvisación "La improvisación es casi absoluta", decía Natxo Beltran, a lo que agrega que "ensayamos muy poco". Quizás esa sea una de las claves del sonido natural de los discos de este combo. Beltran, que lleva con Txuma desde el cuarto disco, Nire anaiaren kotxeko argiak, se sincera al decir que "grabar con Txuma es relajación y buen rollo; marca pautas pero es flexible y no presiona". El mismo Txuma dice firme que "es muchísimo más enriquecedor trabajar con gente y que aporten su visión que trabajar solo, en un onanismo artístico y cultural". El batería también dedica buenas palabras al resto de compañeros: "Tocar aquí es un orgullo porque están los artistas más interesantes de la zona".

En el proceso de creación del disco, la improvisación y el intercambio de ideas son el segundo movimiento. Antes, en casa, Txuma escribe los temas "casi sin pensar". Esa pureza e intimismo de Txuma quedan tatuados en la estructura de las canciones, que graba en forma de maqueta para pasárselas luego al resto. "Txuma es de lo más íntimo y este disco también tiene muchas sutilezas", dice Beltran. Tras casi un mes en el estudio, esas sutilezas del mundo interno de Txuma -aderezadas con la creatividad de la banda y pulidas por las manos de Lastra- se convierten en B aldeko kantuak. Sexto trabajo que afianzará, más aún, a este artista de culto, cara B o reverso de la música.