Split 77 Ochenta bajo cero
EL CORREO 18-10-2002
**El cuarteto bilbaíno debuta con un álbum de pop sucio, moderno, urbano y teclista.**
**ÓSCAR CUBILLO**
Éste de Bilbao es un grupo ultramoderno para el hábitat habitual del rock vasco, en su vertiente euskaldun. Arrancó en Deusto en 1997, al principio como trío, pero un año después asimiló unos teclados que le imprimen un carácter más característico y contemporáneo, pues atacan con desenvoltura trazos que resuenan entre Pilt, el palo industrial y el pop inglés actual más ruidista.
Split 77 se bautizaron inspirados por un fetichismo encomiable en esto del rock. “El nombre es un intento de atrapar en el tiempo el año en que, entre otras cosas, Bowie editó su `Heroes?. No es más que un homenaje que le hicimos en su día, aunque, la verdad, ahora mismo podría habérsenos ocurrido cualquier otro dígito”, imagina Aritz Aranburu, voz, guitarra y programaciones del cuarteto.
Parece que los de Deusto oyen música asiduamente, y así reflexionan sobre su impacto al referirse a las influencias. “De lo que escuchábamos en origen puedo citar a la Velvet Underground, a la que en su día versioneábamos mucho y cuya aparente simplicidad quizá fue lo que más nos impulsó a empezar. Aunque aquel mismo año descubrimos a otras bandas, como Smashing Pumpkins, que nos hicieron pensar en que se podía sonar distinto a un grupo de rock básico aún siendo un grupo de rock. Esta diferencia de sonido y concepto fue lo que realmente nos empujó a incorporar teclados: interpretamos que podíamos conseguir mayor variedad de sonidos y, sobre todo, jugar con una forma de componer muy novedosa para nosotros”.
A Aritz se le olvidado citar una influencia descarada en sus inicios, tanto en concierto como en maqueta: la de Pilt. “Digamos que no tenemos nada que ver con su forma de hacer música -echa balones fuera-. Vamos por caminos completamente diferentes. Nosotros tratamos de abordar otros estilos. Intentamos hacer temas de pop, aunque no podamos evitar utilizar guitarras distorsionadas. Pilt es un grupo con el que se nos compara inevitablemente debido a la formación en escena, que es idéntica: batería, guitarra-voz, bajo, y teclas. Además, como también hemos coincidido en el estudio de grabación con José Lastra, ahora puedo entender la conexión en este sentido. Por lo demás, no tenemos nada que ver como grupos”.
**Autocrítica**
Split 77 grabaron dos maquetas, en 1998 y 2000. “Les dimos una difusión casi nula. Nos limitamos a mandarlas a discográficas y a concursos de radio, prensa etc. Con la primera conseguimos ganar un premio en Euskadi Gaztea, algo que sin duda nos animó a seguir adelante. Guardamos un buen recuerdo de aquel año, el 98. Jamás pensamos que editarlas sería una buena idea. Grabamos las dos maquetas con secuenciador y, con la perspectiva de los años, creo que hicimos muy bien en no ponerlas a la venta. Pero están ahí y nos han ayudado para lo más importante: grabar un disco. Ese era para nosotros el objetivo de las maquetas”.
El disco lo han editado con el pujante sello de Soraluze Gaztelupeko Hotsak. A todo lujo, compartiendo gastos de estudio y diseño y deseando repartirse más tarde unos beneficios que suponemos no serán millonarios debido a la propia modernidad de su repertorio. “El primer contacto con Gaztelupeko Hotsak fue casual. Sucedió en el estudio Tío Pete y la verdad es que flipamos bastante con la forma que tenían de mimar a sus grupos, facilitándoles el formato digipack y numerosos detalles que normalmente no se encuentran en la calle. Esta nos pareció la mejor manera de sacar un disco y creo ha sido lo mas acertado que podíamos decidir”. En efecto: ya se sabe que los digipacks se piratea menos.
Pues eso, que Split 77 se han gastado una pasta gansa en horas de estudio. “En cuanto a la producción y el diseño, todo ha sido un cúmulo de buena suerte, amistad e interés en hacer bien las cosas. En un principio, José Lastra escuchó la última maqueta y, tras unas primeras charlas de contacto y tras intercambiar puntos de vista y anhelos, decidimos afrontar la grabación de la mejor de las maneras posibles, sin restricciones de tiempo ni material. En ningún momento fueron asuntos trascendentales: simplemente preparamos los temas tomándonos el tiempo que hiciera falta en cada canción”.
Y de seguido, Aritz se atreve con un ejercicio de autocrítica que atañe a los grupos en general. “Creo que son de chiste las condiciones en las que los técnicos de sonido deben afrontar habitualmente los discos en Euskadi. Y lo comento después de haber comprobado la importancia del tiempo de preparación en el estudio. Es algo que no debería de ser así, pero hay que aceptarlo y tratar de mejorar. Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad, empezando por los músicos. Tendremos que aprender a realizar nuestro trabajo desde los cimientos. Muchas veces se empieza por el tejado y el resultado es un círculo vicioso difícil de salvar”.
Objetivo cumplido
Como obra completa que es su debú, titulado Antenna, Split 77 se han currado un libreto con muchas hojas en papel caro, grueso y a color. “La verdad es que con Igor Zorrotzua, el diseñador, nos pasó algo muy parecido. Él viene del mundo del diseño, pero éste es su primer disco. Nuestra pretensión de finalizar un trabajo al mismo nivel que había empezado, con tanto esfuerzo, nos impulsó a contactar con el, y la verdad es que salta a la vista en cuanto se abre el digipack que el objetivo se ha cumplido”.
Y dentro de Antenna, la música bulle gélida y artificiosa, urbanita y aterciopelada, pues, a pesar de su carácter frío -por coetáneo-, Split 77 aspiran a facturar canciones pop. Aparte de las concomitancias con Pilt (Malkoa, Biok), hay un guiño, casi fusilamiento, del Bowie heróico (Elektra), chatarrerías de teclados ruidistas en plan los Muse menos expansivos (Antiktonoko maitalea), un poquito de rock and roll euskaldun (Galtzen (We Can Lose)), poso industrial (Litiozko bihotzak; hum... otro título reminiscente de Pilt), la épica de Zea Mais (con quienes estrenarán el álbum en Bilbao) y el toque electrónico de Lin Ton Taun (pero mejorado, claro).
Y, sobre todo el espectro estilístico, bajo cero, se nota un manto after punk, británico y ochentero no negado por Aritz, que al menos nos da la razón en algo. “Hemos mamado mucho de los 80, incluso en uno de nuestros temas, `Aio Speisboi (1981)?, tratamos de experimentar con cajas de ritmos de la época. Creo que el resultado es muy evidente: es una fusión extraña entre los sonidos clásicos de secuenciador de los 80 y las guitarras mucho más actualizadas. Los ritmos de los cohenta nos encantan. Nos parecen muy efectivos y contundentes, y en directo suelen funcionar casi siempre”.

