Quince canciones llenas de poesía y vitalidad
El cantautor vasco-canario Rogelio Botanz presentará el jueves 7 de febrero en la Cafetería Itaca de Murcia su nuevo disco, Vuelos (Gaztelupeko Hotsak), en el que regresa con quince canciones llenas de poesía y vitalidad. Recuerdos, deseos, amor y desamor pueblan este último trabajo lleno de colaboraciones.

*Algún día, en las casas y escuelas nos entrenarán en una de las habilidades más complejas y necesarias: dejar partir. Me temo que algunas de las manifestaciones de violencia más sangrantes que nos rodean cada día están relacionadas con este tema*, dice Rogelio Botanz.
De todo esto, de dejar partir, del ir, del venir, del esperar al que se fue, del recuerdo del que fue, trata Vuelos, el nuevo disco de este cantautor de Legazpi afincado desde hace muchos años en la isla canaria de Tenerife. *Desde hace tiempo, cojo aviones continuamente, lleno de ilusión, para ir a compartir mis canciones con la gente. Y, siempre, mi agenda llega llena de nuevas ideas, de conceptos e historias que quiero desarrollar para cantarles la próxima vez*.
De la ingente cantidad de canciones que compone, Botanz ha escogido quince para formar parte de este último trabajo. Las ha grabado en su propia casa, concretamente en un estudio que ha montado en el que fuera el local de ensayo del Taller Canario de la Canción. *Han pasado unos diez años desde los tiempos del Taller, en el que también estaban Andrés Molina y Pedro Guerra. Pero para mí aquello está muy muy lejos. Es gerundio. Hablo de ello en una de mis canciones*.
Del mismo modo que habla de otro pasado, el de su padre en la fábrica Patricio Echeverría de Legazpi. *Fue pulidor de guadañas durante más de cuarenta años y, según mis cálculos, llegó a dejar listas un millón de guadañas, las mejores del mundo*, dice con orgullo.
Otra canción está dedicada a la pintora Frida Khalo, otra a la emigración y una más, titulada Ven, es un ruego al público. 'Cuando te acercas al lugar donde vas a tocar, antes de doblar la esquina siempre te asalta la misma duda: ¿Habrán venido? ¿cuántos? ¿quiénes?'.
De algunos de los temas, por ejemplo del Si me piden cuentas, de Gabriel Aresti, Rogelio Botanz canta dos versiones: una en castellano y otra en euskara. 'Es algo a lo que me lleva la relación que mantengo con Euskal Herria y mi deseo de dirigirme a los vascos en su propia lengua. Llevo treinta años fuera de aquí y, aunque intento no perder el euskara, para mí no es algo natural seguir siendo euskaldun'. Según confiesa él mismo, en este intento, ha contado con la inestimable ayuda de Iñaki Aurrekoetxea, que no es un traductor al uso, sino un poeta, un creador, un artista.
Botanz es uno de esos músicos, considerados como grandes genios del arte y de la música que son inclasificables. Un amante de la faceta creadora, fuera del compendio comercial, pero sí entregado a la investigación y creación musical, a las nuevas formas expresivas, en definitiva, como señalan sus críticos, disfrutar comunicando y compartiendo. Las canciones, las danzas y los juegos rítmicos y musicales de Rogelio Botanz destacan por la fuerza y la solidez con las que nacen y con las que él sabe transmitirlas. Son temas que penetran y se contagian de inmediato, cantar, bailar, jugar y disfrutar, en cualquiera de sus recitales, es inevitable, señala el escritor, Fernando G.Lucini, en su biografía titulada, 'Crónica cantada de los silencios rotos, voces y canciones de autor ( l963-1997)'.

