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Mikel Urdangarín. Privilegiado


**La popularidad no ha restado humildad al ex bertsolari de Amorebieta, que edita un disco autobiográfico.**

**ÓSCAR CUBILLO**

A sus 30 años, Mikel Urdangarin es el cantautor más famoso de ahora mismo en Euskadi y uno de los músicos que más multitudes arrastra y entusiasmo provoca. «Soy consciente de ser un auténtico privilegiado –confiesa–. Sé lo que está ocurriendo en el entorno cercano y en un entorno un poco mayor, y me doy cuenta de que no puedo dejar pasar la oportunidad que estoy viviendo. Verdaderamente, soy un privilegiado y procuro recordármelo todos los días».

En efecto. Aquí tenemos numerosos artistas con crédito, talento y espacio en los medios, pero cuando tocan cobrando entrada, no atraen a nadie. En cambio, Mikel actúa por doquier, instala taquilla y revienta. Ese es su mérito. «Te habitúas y al final le restas valor, pero esto es la leche. Toco madera porque es difícil mantenerse. A partir de ahora, si sólo lleno medio aforo, que es mucho, igual se me queda cara de tonto. Pero ya te digo: es un lujo obtener siempre una gran asistencia de público. Procuraré no perder esa perspectiva».

Si lo mira así y cada mañana piensa que es un privilegiado, seguro que ha meditado sobre la fama. «Para mí, es una compañera de viaje que no decide ni mi rumbo ni mi camino. Para trascender, poder vivir de la música y llevar a cabo mis proyectos, no puedo enemistarme con ella. Procuro hacer buen uso de la fama, pero también sé que es una nube, una plataforma que normalmente no te sostiene. No es más que una ayuda en mi camino e intento que no me distorsione. Antes de ser conocido, ya me tenía cierta autoestima y, gracias a eso, creo que la fama no me ha cambiado».

Urdangarin dice que nunca ha perseguido la popularidad, que no la necesita para ser feliz y que no desvirtuaría su estilo para contentar a una mayoría y poder continuar como profesional. «Bueno, antes fui maestro de escuela. Si no puedo vivir de esto, sé que no mendigaré en la calle ni pediré ‘pasta’ a mis padres. Para mí, la música es una forma de sentir la vida, una de sus bellezas, pero no la única. He tenido oportunidad de sacar mi vida adelante y poder expresar, comunicar y transmitir mis sentimientos y forma de pensar, pero podría llegar a ser feliz sin la música. De hecho, si soy feliz ahora no es sólo por ella».

Bajar el ritmo

Cuando se hallaba en la cima de la popularidad, Mikel Urdangarin frenó y participó en el proyecto Bar Puerto, un mano a mano improvisado con Bingen Mendizabal. «Anduvimos siete meses porque era un proyecto con fecha de caducidad. Acabamos en julio». Pues en las agendas se anuncian más fechas. «Claro. El disco estaba precedido por un espectáculo narrativo, poético y visual llamado también ‘Bar Puerto’. Lo desarrollamos durante el año anterior, luego vino el testigo de la grabación, y en los siguientes meses retomaremos el original. Es más poético y narrativo, con un soporte audiovisual y Bingen y yo musicando las palabras del narrador, Kirmen Uribe».

Él cumplió su propósito particular: tras la gira de Espilue se sentía agotado y buscaba oxigenarse en Bar Puerto. «Mira, quería tomarme un descanso activo. Bajé el ritmo y tuve tiempo de cargar pilas, pero lo mejor fue compartir escenario con amigos con los que echo algunos potes, con los que como y comparto parte de mi vida. Para mí es algo especial el hecho de confluir con ellos, de modo más oficial, ante el público y sobre un escenario, pues no ocurre con asiduidad». Ya, él no copaba todo el protagonismo, lo compartía. «Exactamente. Y lo agradecí. Se vio que éramos una cuadrilla, la mayoría de amigos íntimos. Eso se llegó a transmitir».

Cerrado el Bar Puerto, Mikel Urdangarin reaparece contento en Gaztelupeko Hotsak. «Somos compañeros de viaje y, mientras nos respetemos mutuamente, creo que seguirá la unión. Personalmente, estoy en un sello donde no me ponen filtros ni cortapisas en ningún sentido. Tengo absoluta libertad para acertar y equivocarme. Si no se diera esa condición, volvería a trabajar de profesor, o de mecánico, y cantaría con los amigos en cenas, baretos o lo que fuese. Eso lo tengo claro». Además, el songwriter superventas tampoco ha recibido ofertas de otras marcas vascas. «Aquí, el artista es el que cambia. Las discográficas procuran no invadir terrenos».

Urdangarin regresa con su quinto trabajo, cuya hoja promocional informa que las letras son autobiográficas. «A diferencia de los discos anteriores, aquí once de los doce textos son míos –destaca el autor–. Me inspiran las cosas reales de mi entorno cercano. Sí: son autobiográficas. No me quiero desnudar al cien por cien, pero parto de hechos que conozco, de gente que me importa y que es esencial para que yo sea feliz. Dando por supuesto que vivimos en un mundo desastroso y sin ética, hablo de los más cercanos, los que me influyen y a los que influyo». Como Ohaine, la del primer single. «Es una compañera de piso que me tuvo que aguantar durante una época en que viví de prestado. Me quedé sin techo momentáneamente por unas obras y me acogieron estas chicas majísimas que me trataron como a un rey. Esta canción les da las gracias de forma caricaturesca».

El disco en cuestión se titula Heldu artean y dosifica la voz suplicante y rugosa del de Amorebieta en medios tiempos arropadores con violines propios de los Weatherboys, ambientes levemente caledonios vía Van Morrison, aires improvisados entre 7 Eskale y Bar Puerto, el poso de los cantautores tradicionales vascos, pop de cámara onda Bide Ertzean, tonos de jazz y más detalles que configuran su mejor y más variado álbum.

«Sí, es el más abierto. Musicalmente refleja lo que yo soy, una persona que está buscando constantemente y reconoce que aún está por hacerse. Pruebo, investigo y procuro abrir ventanas y ver paisajes diferentes. El disco no da pistas sobre mi trayectoria futura, porque plasma lo que soy ahora: una persona muy abierta y sensible a lo que existe a su alrededor».

Le acompañan su amigo escocés, el violinista Jonathan Bews, y dos núcleos rítmicos: el de Josu Izagirre y Aitor Oleaga, antes en Bar Puerto, y el de Blas Fernández y Julio Andrade, antigua base de Kepa Junkera, que a partir de ahora irá en directo con Mikel. Entre saxos, pianos y guitarra, el cantante destaca al productor de un álbum con sonido crudo, desnudo, real.

«He compartido tarea con Mikel Fernández, el técnico. Se trata de un disco muy fresco, con muchísimas primeras tomas. En vez de perseguir lo perfecto –matiza Urdangarin–, dejamos lo especial para nosotros. Cada vez me gusta más lo fresco y natural y menos lo perfecto en extremo. En el mundo de la música todo camina hacia lo hípermedido y yo prefiero algo más humano».

Músicos que han tomado parte en Heldu artean

>Mikel Urdangarin: guitarra acústica y voz.
>Hasier Oleaga: batería.
>Jonathan Bews: violín.
>**Blas Fernández:** batería.
>Josu Izagirre: bajo.
>Julio Andrade: contrabajo.
>Aitor Rubio: guitarra acústica.
>Pablo Tato: saxofón.
>**Pello Ramírez:** violonchelo.
>Koldo Uriarte: piano y teclado.