MUSICA / TERESA ZABALZA
La pianista navarra ha grabado junto al quinteto que lleva su nombre su ópera prima -Euria- con canciones melódicas de ritmos que cabalgan sobre la bossa nova, el bolero o el swing más cálido.
SANTI ECHEVERRIA
Sobre ritmos como la bossa nova, el bolero, el cha cha cha e incluso el swing más cálido Euria cabalga y se desarrolla como un auténtico caleidoscopio musical. Teresa (Pamplona 1972), hermana de músicos e hija de un gran músico como Joaquín Zabalza (fundador de los Iruñako), estudió la carrera superior de música en el Conservatorio Pablo Sarasate. Marchó a Barcelona para ampliar estudios. Cansada de interpretar a Chopin, se aventuró en el jazz y participó en formaciones como London Jazz Sextet, Q-bop... En Barcelona conoció a los compañeros del quinteto que lleva su nombre: Alejandro Mingot (de Alicante, guitarra), Hasier Oleaga (de Bilbao, batería), Iosu Izaguirre (de Vitoria, contrabajo) y Miguel Villar Pintxo (de Pamplona, saxo).
¿Euria nace con la pretensión de ofrecer un abanico estilístico?
-No. Me han dicho muchas veces que da esa sensación porque las canciones son muy distintas unas de otras pero no ha sido nada premeditado. Quizá es porque sus canciones las he ido componiendo durante mucho tiempo. Alguna tiene siete u ocho años.
¿Antes de grabar, cómo va madurando el proyecto?
-Sencillamente tienes la suerte de quedar con amigos para preparar temas. Y de ahí surgen los conciertos. Y la ocasión de grabar.
¿Teresa tiene la mente muy abierta a muchas músicas?
-Sí, y no sólo por el disco, sino porque no me atrevería a cerrarme a un solo estilo. Creo que el disco es más fácil porque me parece complicado hacer jazz puro o considerarme una pianista de jazz puro. Cuando escribo canciones no me planteo que sean jazz. Si sale una bossa nova, estupendo. Si sale una canción de amor, me siento igual de bien.
¿Grabar hoy un disco de jazz es una aventura para valientes?
-¡Díselo a Gaztelupeko Hotsak y el sello Errabal, con los que he grabado! Nos escucharon en directo y, al margen de una maqueta, oyeron uno de nuestros conciertos grabados en vivo.
Con lo que sacan, imagino que no les da para retirarse.
-Comercialmente el mercado es muy pequeño. A los músicos grabar nos permite plasmar nuestro trabajo. Tu música no se queda en el aire. Es como un orgullo realizado, una sensación como la de parir. Y una carta de presentación en la búsqueda de conciertos.
¿El músico de jazz puede vivir de lo que gana en los conciertos?
-Muy pocos viven de los conciertos. Músicos increíbles como Gorka Benítez, Víctor de Diego... tienen que impartir clases.
Le gusta repartir responsabilidades interpretativas…
-Dios me libre de acaparar. Tengo cuatro músicos estupendos. Un quinteto es una formación amplia y hay que repartir.
La melodía pesa mucho…
-Sí, así lo entiendo. Euria es un disco de canciones.
¿Sencillos deseos es…?
-Una canción de amor. La letra es de la escritora nicaragüense Gioconda Belli. No es un bolero y yo la acerco más a la balada. Es prodigiosa por la persona que la canta, Carmen Canela. Fue la última canción que grabamos y acabamos todos llorando, incluso el técnico. Es la joyita del disco.
¿Dejaría que la cantara otra gran cantante de jazz?
-Carmen es una gran cantante, una de las grandes del jazz y quizá la mejor en España. Pero claro que dejaría que la cantara otra intérprete. La música es abierta, libre.
¿Te preocupa trasmitir como intérprete tu propio estilo?
-Mientras tocas, no. Pero es una idea que está presente en la intención de cada músico: tener una manera, un estilo. El paso más creativo, el más bello, es aquel en el que es evidente que es tu estilo. Yo estoy muy lejos de ese momento. Me considero más compositora que intérprete.
¿Le gusta transmitir sentimiento de una forma muy cadenciosa?
-Soy muy partidaria de los silencios. Los músicos que más me gustan, la música que más me llega, está cargada de silencios. Para mí la medida de la música no está en la cantidad de notas que metes por minuto. Una cosa es la técnica del virtuoso y otra la transmisión de la emoción. A veces hay que hacer el esfuerzo de callarse.
¿Le sorprende que haya pocas mujeres en la música en Navarra?
-En Navarra y en Barcelona. Es una cuestión cultural. En el jazz siempre ha habido muy pocas mujeres músicos. Muchas cantantes, pero pocas instrumentistas. A mí me han tratado con cariño. Incluso por ser mujer me han abierto puertas. Pero en Pamplona no tenemos un sitio para tocar jazz, pese al conservatorio. No hay circuito de locales ni apoyos. Y el jazz es sobre todo directo.
¿Entonces cree que la música está muy mercantilizada?
-Claro, además el jazz no vende. Es cuestión de esfuerzo y de educación. La gente se queda cantando a Bisbal diez días seguidos…
Pero se compran discos de Diana Krall o Jamie Cullum y les han hecho promoción de grupo de rock…
-Quizá ahí está el secreto, en la producción y la promoción. El jazz puede ser comercial, por qué no. Ahí está la fusión de Bebo Valdés y el Cigala…
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