Lunes, 21 de agosto de 2006.
Santi echeverría. Diario de Navarra
El músico navarro Josetxo Goia-Aribe, presenta esta tarde en Civican su nuevo proyecto, Los Pendientes de la Reina, un grupo que zigzagea entre el jazz y las raíces folclóricas

E L compositor y músico navarro Josetxo Goia-Aribe inicia una nueva etapa en su vida. Se ha trasladado de la ciudad -el casco viejo de Pamplona- al campo. También tiene tres nuevas compañeras (Sorkunde Idígoras, Estitxu Pinatxo y Luisa Brito), con las que inicia un proyecto que ha adoptado el curioso nombre de Los Pendientes de la Reina. Con una música que zigzaguea entre el jazz y la nueva instrumental contemporánea con las raíces folclóricas de la tierra, Josetxo se siente feliz y explica los motivos de esa nueva vida y de ese nombre tan sugerente y ¿misterioso? antes de su estreno hoy lunes a las 20 horas en Civican.
-¿El cambio de residencia de la ciudad al campo le ha ayudado como músico?
-Ayuda. Desde luego, la inspiración no viene por tener la oportunidad de ver un águila perdicera o un búho real. Viene de la introspección de un mundo mucho más interior. Puede aparecer cuando estás en la calle Mañueta o en una bajera en Granollers. Pero sin duda cuando llega la inspiración, si está acompañada del disfrute de un marco natural, puede ser estupendo. Imagino que los enclaves naturales algo ayudarán al inconsciente.
-¿Quizá ayudan a generar un estado anímico más predispuesto a la observación?
-Creo que sí. Yo soy un esteta y un enamorado de la naturaleza. Vivir en ella otorga cierto sosiego y eso realmente siempre ayuda a la creación y a trabajar.
El origen del nombre
-Esa posibilidad, ¿qué tiene que ver con Los Pendientes de La Reina?
-El origen del nombre viene de una historia que me contó una amiga que vive en Astráin. En 1910 la señora de una familia de Muru Astráin iba a Pamplona andando para disfrutar, dentro de todas las posibilidades que entonces le ofrecían los Sanfermines, de los gigantes. Pero su secreto era que se quedaba absorta viendo cómo bailaban los pendientes de la reina europea. Esa devoción -tan absolutamente particular- se la transmitió como si fuese un secreto a sus hijos, que siguieron esa costumbre. Y el secreto se ha transmitido de generación en generación hasta nuestros días. Finalmente la historia me ha llegado a mí y me ha parecido tan entrañable y enternecedora -dentro de toda la vorágine festiva que son los Sanfermines- que me ha ayudado como nombre y como concepto para el nuevo grupo que ha nacido.
-¿Qué línea sigue este nuevo grupo?
-Tiene su propia música, en una línea diferente al de mi anterior disco, Ilhargi-min, y al trabajo vocal de Maddi Oihenart. Supone una evolución respecto a la trilogía de los tres primeros discos, Auñamendi, Eunate y Herrimiña. Por supuesto, uno de los nuevos temas se titula Los Pendientes de la reina, una historia muy bonita de pequeños detalles, homenaje al secreto de una familia.
Con tres mujeres
-¿Cómo ha nacido el contacto con sus tres compañeras de proyecto?
-Primero llamé a Sorkunde Idígoras, que es una pianista de San Sebastián, compañera de trabajo y profesora como yo en Musikene (la Escuela Superior de Música del País Vasco). La tarea más difícil fue buscar una voz, algo tan sutil como peliagudo, porque todo el mundo canta y se erige en crítico de la voz, respecto a pureza, afinación, etc... Y la encontré casi de forma frívola, viendo un programa de Euskal Telebista de versiones de canciones. Me fijé en una cantante muy joven que hizo su versión del Mediterráneo de Serrat. Me tocó. Llamé a ETB, me dieron su teléfono y resultó ser de Bera. Se llama Estitxu Pinatxo, y aceptó encantada la idea de entrar en el trabajo. Faltaba el contrabajo. Mucha gente ni se plantea que una mujer pueda ser contrabajista. Pero yo estoy súperabierto. Conocía a una alumna de Musikene, una moza portuguesa que se llama Luisa Brito y es un encanto. Toca muy bien y se identificó perfectamente con el proyecto. De momento tenemos un repertorio con ocho temas y toda la ilusión del mundo para presentarlo hoy en Civican.
- ¿Qué sintió cuando le dieron la posibilidad de que Los Pendientes de la Reina se estrenara en Pamplona y en Civican?
-Una gran satisfacción. Una primera actuación siempre tiene ese vértigo respecto a cómo va a responder el público. Después llegará el periplo de actuaciones de cualquier grupo que quiere editar disco. Yo ya estoy llamando a bastantes puertas, pero es un mundo realmente difícil. No hay más que fijarse en lo que ha pasado con un establecimiento de venta de discos de la solera de Chaston, que ha tenido que cerrar... Ya no hay mecenas ni nadie que apueste en porcentajes para una música que evidentemente no es comercial pero que es lo suficientemente amable para todos los públicos.
-¿De qué hablan sus canciones?
-Las canciones tienen textos desde Gustavo Adolfo Becker a poetas como Josetxo Azkona, Amaia Lasa, Jose Agustín Goitisolo, Lizardi, etc... Varias de las melodías de las canciones provienen de la tradición oral, de canciones como Oi pello pello, Asteko egunak, etc... Es un repertorio mixto en cuanto a idiomas, en una música sin prejuicios que evoca imágenes, con voz y acompañamiento instrumental. Al final es simplemente música instrumental y vocal vasco-navarra con un tratamiento algo trasgresor y osado.
-¡Feliz usted entre las mujeres!
-(Ríe) Sin haberme planteado ningún tipo de militancia, está claro que las mujeres que son músicos siempre aportan una sensibilidad especial. El hecho de tocar con tres mujeres me ha venido un poco así, pero lo cierto es que estoy encantado.
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