El cantautor vizcaíno edita Dana, rodeado de músicos amigos afines y cambio de sello discográfico
ARTURO GARCÍA/
Considerado el principal relevo de la canción de autor euskaldun, Mikel Urdangarin (Amorebieta-Etxano, 1971) ha decidido torcer su música para compartirla con músicos amigos y cómplices (dos textos de Kirmen Uribe) capaces de sacar a flote los nuevos temas de este ex bertsolari vizcaíno desvelado por la idea de dormirse en los laureles. Los presentará en directo en una gira que recalará el 14 de octubre en el Kursaal.
- Rodearse de amigos de la escena punk-rockera se ha traducido en un disco «distinto, atmosférico».
Eso ocurre porque cuando se cambia es porque la voz necesita espacio, oxígeno. Son descansos que se toma la voz y la música tiene que tener un sentido.
- Más con ese tono de voz.
Pero mi voz sigue ahí, su expresividad. Y hemos grabado todos juntos y eso no se hace a menudo.
- Suena más a world music...
Pero siento todavía el mundo folk. Crear atmosferas me gusta. Sigo pensando que las canciones son pasajes, estados de ánimo.
- ¿Cómo ha influido el cambio de sello discográfico?
Todo repercute. Este nuevo camino lo he decidido yo, sin traicionarme a mí mismo pero apostando por una sonoridad nueva.
- Lo paradójico es que con músicos como Rafa Rueda o Bingen Mendizabal no suene más rockero...
Es que ellos se acercan a mi terreno. Son conscientes de que la labor del músico que acompaña, por muy colega que sea, siempre debe partir de la comprensión, lo que se demuestra tocando. O callando, que es lo más difícil.'
¿Habla menos de la amistad, ¿quizás porque están alrededor?
La amistad sigue siendo una constante, tan enrevesada como el amor, porque en este disco la relación entre hombre y mujer está más presente que nunca. 
- Esa estética de tierra árida, sentado en la hamaca al sol, cuando habla a menudo del invierno...
Ojo, es un disco otoñal. Dana supone que todo y nada son términos contrapuestos pero muy próximos. Como el amor y el odio: todo se puede encontrar en uno mismo, no sólo en lo grande.
- ¿Quién es el tirano que
quiere encerrarnos la palabra? Pues desde Bush hasta Aznar, pero tirano es aquel que, al final, no te permite expresarte. Es esa manera de matar a la persona: la dejas morir buscando anularla.
- ¿Hasta qué extremo en Euskadi?
Aquí hasta que llegamos al idioma y ese dolor uno lo siente y lo debo contar, pero cuando decimos te quiero, las jaulas se rompen.
- Uribe, Rueda, Mendizabal, ¿os veis como una generación relevo a la Banda Pott de Atxaga y Ordorika en torno a la cultura vasca ?
Inconscientemente o no, está ahí porque creando en euskera podemos recorrer el mundo y llegar a comunicar en cualquier lugar del mundo. Cuando compongo y canto no sólo pienso en un vascoparlante sino en alguien que pueda llegar a escuchar mis canciones.
- El mundo es un fiasco aseguró hace 3 años ¿lo sigue pensando?
Claro, pero es que el que nos ha tocado vivir. Aún siendo un fiasco, los vascos somos unos privilegiados pese a todo, viendo como está todo. El mundo empeora, es notorio. Y los que tienen el poder de cambiarlo y mejorarlo lo hacen fatal, entregados a un ombliguismo despreocupado aterrador.
- Va pasando el tiempo pero usted habla de lo mismo
Es que el que cambia eres tu, no eres el de hace dos años. Acumulas experiencias y eso se debe notar: que la vida transcurrido sobre ti como músico y lo tienes que enseñar. Cambia la perspectiva de uno, el punto de mira. Que has recorrido una distancia se debe notar.
- ¿Cómo resumiría en dos palabras a sus músicos, y sin embargo amigos?
Son todos tan parecidos. Te diré que están todos locos, chalados, pero de remate. Pienso que es un grupo, como tal, muy frágil y que, emocionalmente, su fortaleza radica ahí: siempre están en tenue equilibrio y eso les hace sentirse vivos. Nos une el punto de locura que compartimos porque tratan de ser honestos con la música.
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