ÓSCAR CUBILLO/ El Bafle
Dos horas y veinte minutos de blues hostelero, dicho sea con todo respeto, ofrecieron Los Reyes Del K.O., dicharachero dúo gallego afincado en Berlín, en el coqueto y estupendamente sonorizado Kafe Antzokia de Durango. Vaya rollo, pensarán algunos, sobre todo si saben que los galaicos venían con el baterista y vocalista Big George Greene, un maromo negro que han conocido en Alemania. Pero no, pocos detalles sobraron a la larga actuación: un solo de batería y otro de bajo (vicio del circuito madrileño), ciertas insistencias al solicitar los coros del respetable (truco necesario para chequear la predisposión del mismo), quizá un único tema feble y llevadera abundancia de versiones, aunque todas bien resueltas, incluso la difícil 'What I'd say' de Ray Charles, escuchada el día que se estrenó su biopic.
Sí, estuvo bien el bolo, a pesar de que frente al escenario hubiera tantas mesas que eso parecía un campo de fútbol con pista de atletismo circundante. Lo mejor de todo resultó la soltura del diminuto Adrián Costa, con pelo cohete rizado, pícaras expresiones faciales robadas a B.B. King, brazos echados hacia atrás a lo Buddy Guy, deslizantes pasos de baile inspirados en James Brown, garganta recia y toque de guitarra afilado y versátil (Tejas tipo Albert Collins, la Louisiana de Lazy Lester, el swing de California en plan Little Charlie & The Nifghtcats...), además de perfectamente coordinado con su amigo Marcos Coll, el alto y aindiado armonicista, que vistió chándal pues se olvidó la ropa en Madrid.
Los gallegos, con el atento bajista uruguayo y un correcto Greene (a los parches se salió en el blues lento Reconsider Baby, y al micro en dos números soul), trascendieron de las normas hosteleras en una velada mayormente genuina, donde no faltó el éxito exótico que les alimenta en Berlín, o sea La paloma, recreada como harían los Fabulosos T-Birds.
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