El cuarteto guipuzcoano edita su cuarta referencia, un disco de pop clásico que gustará a chicos y chicas.
ÓSCAR CUBILLO
A los Bide Ertzean les va muy bien en el mundillo de la música. A su ritmo, van editando los discos que les agradan, actúan a menudo por la geografía vasca y se lo toman con calma y sin ambiciones profesionales, lo que siempre ahorra disgustos, palía la insatisfacción y otorga mayor libertad artística. Los hermanos Joni (bajo) e Imanol Ubeda (guitarra y voz), supervivientes de Deabruak Teilatuetan, conducen con fortuna un cuarteto de pop-rock delicado que ha encontrado hueco
en el panorama autóctono y que ya ha llegado a su tercer largo.
Y eso que empezaron casi por probar, cuando apenas habían actuado, gracias al crédito que les dispensó Gaztelupeko Hotzak. Bide Ertzean debutaron con un maxi homónimo que musicaba a sus poetas preferidos y luego sacaron Zure Minari (99), donde se asentó el grupo y un estilo que dio el paso adelante en Grisa (00). «Ahí nos acercamos al rock», dice Joni. En este álbum cantaba Mikel Erentxun, que siempre luce, pero que no les concedió popularidad allende nuestras fronteras. «No sé si nos dio empujoncitos en ese sentido, pero está claro que, cuando andas cerca de alguien con tanta experiencia, te enriqueces. Imanol y yo aprendimos mucho de él».
Joni duda de que Erentxun les regalara oyentes foráneos. «Antes ya nos habíamos movido un poco por Barcelona, Tarragona, Madrid y así. Pero, gracias a él, gente que hay en Euskadi pero no vive de cerca la ‘euskal musika’ se nos acercó un poco. Y al revés: él cantó un tema de ‘euskal musika’ que, aunque no la vive profesionalmente, sí que se siente también de aquí».
A lo que íbamos: que a Bide Ertzean les va bien porque se lo toman con calma. Hace poco, Asier Serrano nos confesó que Lorelei se separaron porque no vendían demasiados discos. O sea que lo de Joni y sus colegas es un triunfo. «Je, je… No sé. Si todavía funcionamos es porque hay ganas, la banda quiere seguir y el sello confía en nosotros. Además, parece que a la gente le gusta. En nuestro caso, los que llevamos el grupo, mi hermano y yo, ni vivimos de la banda ni lo pretendemos. Como no existe afán de profesionalización, es más fácil avanzar. No vendemos cien mil discos, sino dos o tres mil, pero nuestro triunfo es grabar y rular por ahí».
La novedad se llama Maite Out (sic), un juego de palabras entre ‘te quiero’ y estar fuera de contexto. «Es como ‘Grisa’ –explica Joni–. El título puede llevarte a un lado u otro. Es ambiguo. Está hecho con amor, pero con sufrimiento». Las letras son diferentes a las del precedente. «Aquí contamos lo que vivimos y vemos a nivel personal. ‘Grisa’ era más plural: hecho desde nosotros como sociedad o personas integradas. En éste hemos ido a letras más íntimas y hablamos más del yo que de los otros».
Amor y desamor
Hay muchas letras de amor. «Sí, y desamor, y esperanza, y desesperanza, y esas cosas». Vamos, que sus canciones fijo que gustan a las chicas. «Je, je… Si te digo la verdad, la sensibilidad se encuentra en las chicas y los chicos. No es por darte una respuesta preparada, pero a mí se me acercan tanto ellos como ellas».
Maite Out es un disco de pop hiperclásico. Mejora por sentimiento epidérmico a competidores euskaldunes (Lorelei, E.H. Sukarra en los momentos más rudos), su clasicismo resulta internacional (resuenan el Calamaro baladista, el propio Erentxun) y abunda el eco británico (Housemartins en juegos guitarreros, Lennon en alguna introducción…).
Es un álbum muy etéreo, a pesar de que el sello lo venda como rockero. «Hombre, las dos primeras referencias se grabaron con guitarras acústicas y traían más medios tiempos. En ‘Grisa’ tendimos hacia estructuras rock, con guitarras eléctricas y distorsiones, y éste se encuentra entre los dos: ‘Zure minari’ y ‘Grisa’. Nos movemos en la esfera pop rock, y el abanico es muy grande».
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